Por Aldo López Tirone
El péndulo de la política latinoamericana volvió a moverse. Y esta vez lo hizo con fuerza hacia la derecha.
La toma de posesión, ayer 7 de agosto, de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia, después de derrotar a la izquierda representada por Iván Cepeda, completa una pieza de enorme peso geopolítico en el nuevo tablero regional. Su llegada plantea cambios importantes en seguridad, diplomacia y en la relación con Estados Unidos.
Pero sería demasiado sencillo interpretar este momento como el viejo enfrentamiento entre derecha e izquierda.
Creo que estamos frente al nacimiento de otra derecha latinoamericana.
Una derecha que yo definiría como GeoNacionalista: pragmática, soberanista, enfocada en seguridad, crecimiento económico, fronteras, inversión, producción y, sobre todo, en devolverle al ciudadano la sensación de que el Estado existe para servirle.
Paradójicamente, esta nueva derecha puede rescatar una vieja aspiración asociada a Bolívar: una América capaz de entender que unida pesa mucho más en el mundo que dividida.
No hablo de una “Patria Grande” ideológica. Hablo de una Patria Grande estratégica.
Una América que negocie con Washington, Europa y Asia defendiendo primero sus propios intereses; que combata frontalmente el narcotráfico y el crimen organizado; que proteja sus recursos y que convierta su posición geográfica, su energía, sus alimentos y su talento humano en instrumentos de poder.
Y allí aparece Panamá.
José Raúl Mulino tiene frente a sí una oportunidad histórica.
Panamá no necesita ser el país más grande para convertirse en uno de los más influyentes. Tenemos el Canal, conectividad marítima y aérea, plataforma financiera y logística y, sobre todo, una ubicación extraordinaria entre Norte y Suramérica.
Mulino ya ha profundizado la cooperación estratégica con Estados Unidos en seguridad, migración y comercio, mientras impulsa proyectos como la interconexión eléctrica con Colombia, nuevos puertos y una plataforma energética alrededor del Canal.
Eso coloca a Panamá en una posición privilegiada: podemos convertirnos en el gran punto de encuentro de esta nueva América.
El reto será mantener algo esencial: aliados de todos, subordinados de nadie.
Porque una verdadera América unida no puede construirse cambiando una dependencia por otra. Tiene que construirse desde los intereses de nuestras naciones y, principalmente, desde las necesidades de nuestra gente.
El péndulo giró.
Colombia acaba de enviar una señal contundente. Panamá tiene las condiciones para ser articulador. Y una nueva generación de gobiernos tiene ahora la responsabilidad de demostrar que esta derecha no llegó simplemente para derrotar a la izquierda.
Llegó para gobernar mejor.
La mesa está servida.
Quizás estamos presenciando el comienzo de una nueva Patria Grande: menos ideológica, más pragmática; menos dividida y más estratégica; profundamente americana y, finalmente, enfocada en su gente.
Aldo López Tirone
Panamá Noticias Network Panamá Noticias Network, Tu Portal con las Mejores Noticias de Panamá y el Mundo.
