Por Aldo López Tirone
Hay días para celebrar, días para correr detrás de nuestros sueños y días para detenernos. Yom Kippur pertenece a esos días en los que el ser humano se encuentra frente a sí mismo, frente a Dios y frente a todo aquello que quizá durante el ruido cotidiano decidió no mirar.
El Día del Perdón, una de las jornadas más solemnes del calendario judío, nos habla de algo profundamente humano: reconocer, pedir perdón, reparar y volver a comenzar.
Y quizás esa sea precisamente la palabra que más me inspira hoy: volver.
Volver a Dios.
Volver a la familia.
Volver a nuestros principios.
Volver a agradecer.
Volver a pedir perdón cuando hemos fallado.
Y, sobre todo, volver a encontrarnos con esa versión de nosotros mismos que alguna vez prometimos no abandonar.
Vivimos demasiado rápido. Normalizamos la salud hasta que enfermamos. Normalizamos la presencia de nuestros padres hasta que algún día ya no están. Normalizamos el abrazo de nuestros hijos, la compañía de nuestra pareja, el alimento sobre la mesa, el amanecer, el trabajo y hasta la posibilidad extraordinaria de abrir los ojos una mañana más.
Yom Kippur nos recuerda que la vida también necesita silencios.
Silencios para preguntarnos a quién lastimamos. A quién dejamos esperando. Qué palabra dijimos de más. Qué abrazo dejamos para mañana. Qué orgullo nos impidió pedir disculpas. Qué puerta seguimos golpeando cuando quizás Dios lleva tiempo tratando de mostrarnos otro camino.
Pedir perdón no nos hace pequeños. Al contrario: requiere una enorme grandeza reconocer nuestros errores.
Pero también debemos aprender a perdonarnos nosotros mismos.
Todos cargamos capítulos que quisiéramos reescribir. Decisiones equivocadas, oportunidades perdidas, personas que se fueron y palabras que ya no podemos retirar. Sin embargo, mientras tengamos vida, siempre existirá la posibilidad de comenzar nuevamente.
Por eso hoy mi oración es sencilla.
Padre, dame salud en el cuerpo, paz en el corazón y claridad en mis pensamientos. Aleja de mí aquello que no me corresponde y acerca aquello que tenga un propósito en mi vida. Abre las puertas que debo atravesar y cierra aquellas que algún día agradeceré no haber podido cruzar.
Y protege a nuestras familias.
Que nunca falte sustento en nuestros hogares, que regresen las buenas noticias, que podamos sanar viejas heridas y que tengamos la sabiduría para comprender que muchas veces aquello que hoy no entendemos mañana tendrá una explicación.
En este Yom Kippur, envío mi respeto y mi abrazo a la comunidad judía del mundo y muy especialmente a la comunidad hebrea de Panamá, parte inseparable de nuestra historia y de nuestra sociedad.
Que este sea un día para reflexionar, perdonar, agradecer y regresar a lo esencial.
Porque algunas veces avanzar no significa caminar más rápido.
Algunas veces avanzar significa volver.
Gmar Jatimá Tová.
Aldo López Tirone
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