Impacto y funcionamiento del CEAGRO bajo la administración de Mulino en el sector agropecuario panameño

Los resultados de Mulino Matan la Lengua de los Envidiosos CEAGRO es una realidad

Por Aldo López Tirone

En política sobran discursos. Lo que finalmente permanece son las obras, los programas que comienzan a funcionar y las oportunidades que llegan a la gente. Por eso la apertura del Centro de Especialidades Agropecuarias, CEAGRO AIP, merece ser observada más allá de las trincheras políticas.

El 17 de septiembre comenzó esta nueva etapa con 100 jóvenes becados provenientes de provincias y comarcas de Panamá. El 70% procede de bachilleratos agropecuarios y el 30% de bachilleratos en ciencias, con participación equilibrada entre hombres y mujeres.

Eso es importante porque Panamá necesita volver la mirada hacia el campo.

CEAGRO propone algo todavía más relevante: preparar técnicos vinculados directamente con las necesidades del sector productivo. Su modelo será 60% práctico y 40% teórico, con formación en producción agrícola y pecuaria, agroindustria, administración de empresas agropecuarias, nuevas tecnologías, mecanización y acuicultura.

No estamos hablando simplemente de llenar salones de clases. Estamos hablando de preparar una nueva generación para producir más, producir mejor e incorporar tecnología al agro panameño.

Y allí está el verdadero valor de CEAGRO.

Porque defender al productor nacional también significa formar jóvenes capaces de administrar una finca, utilizar agricultura de precisión, operar nuevas tecnologías, transformar alimentos y convertir nuestro campo en una actividad moderna y competitiva.

Además, el proyecto se conecta con otras iniciativas anunciadas para el sector, entre ellas 2,000 pasantías de Primer Empleo Agro, dirigidas a jóvenes que buscan formación y experiencia laboral.

La política siempre tendrá críticas, oposición y debate. Así funciona la democracia.

Pero cuando un proyecto pasa del anuncio a recibir sus primeros estudiantes, comienza otra discusión: la de los resultados concretos.

Hoy CEAGRO ya tiene nombres, rostros y cien jóvenes comenzando una nueva historia.

Y cada muchacho del interior que encuentre allí una profesión, cada productor que mañana cuente con técnicos mejor preparados y cada finca que pueda producir más gracias al conocimiento será una ganancia para Panamá.

El campo no necesita lástima. Necesita conocimiento, tecnología, inversión y oportunidades.

CEAGRO acaba de dar ese primer paso.

Y cuando Panamá apuesta por sus jóvenes y por quienes producen nuestra comida, quien gana no es un gobierno.

Gana Panamá.

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