Gaby Carrizo y el desgaste político: Análisis del fracaso en el PARLACEN

Gaby Carrizo vuelve a humillar al PRD, ahora internacionalmente: ¿Quién lo asesora?

Definitivamente, Gabriel Carrizo no deja de sorprender. Y no precisamente para bien. Cada paso que da parece acercarlo más a su propia tumba política… pero lo más grave es que, en esa caída, arrastra consigo al Partido Revolucionario Democrático.

No hablamos de un hecho aislado. La lista es larga: señalamientos por malos manejos, una campaña política que rozó lo caricaturesco, una gestión marcada por la prepotencia, una derrota electoral histórica, el abandono de figuras del partido cuando comenzaron las investigaciones judiciales, y un silencio mediático que, lejos de ayudar, agravó la percepción pública.

Pero lo ocurrido ayer en el PARLACEN marca un antes y un después.

Panamá fue testigo de una de las mayores vergüenzas políticas a nivel internacional en décadas. Por primera vez, un exvicepresidente panameño ve cuestionado —y en la práctica rechazado— su intento de incorporarse como diputado al Parlamento Centroamericano. Y no fue un simple tropiezo: fue un rechazo cargado de simbolismo político.

¿Las razones? Varias, y todas evitables.

Primero, el timing. Carrizo tuvo su oportunidad en octubre de 2025, cuando aún no pesaban sobre él cuestionamientos tan profundos ni procesos que complicaran su imagen. No lo hizo. Y en política, los tiempos no se improvisan.

Segundo, la forma. La incorporación al PARLACEN no es un trámite automático ni burocrático; es un acto político. Debió gestionarse institucionalmente, con una solicitud directa, ordenada y estratégica. En cambio, lo que vimos fue desorganización: el partido por un lado, las figuras por otro, y sin una narrativa clara.

Tercero, y quizás lo más grave, la falta de lectura política internacional. El PARLACEN no es una extensión de la política local panameña. Es un organismo donde conviven distintas corrientes ideológicas, historias y sensibilidades. Ahí pesan figuras como Morazán, Sandino y Torrijos. Ahí se respeta la historia, pero también se castiga la improvisación y el irrespeto a las formas.

Pensar que bastaba con acuerdos internos o respaldos puntuales demuestra un nivel de desconexión preocupante. El lobby político —visitar, explicar, construir consensos— es parte esencial del proceso. No hacerlo fue un error elemental.

El resultado fue contundente: no solo fracasó el intento de Carrizo, sino que se expuso al PRD a una humillación internacional innecesaria, afectando incluso la figura del expresidente Laurentino Cortizo, quien terminó salpicado sin necesidad.

Esto no es solo un error personal. Es un problema de asesoría, de estrategia y de liderazgo.

La pregunta es inevitable: ¿quién está aconsejando a Gabriel Carrizo?

Porque lo ocurrido no es producto del azar. Es la consecuencia de decisiones mal tomadas, de egos desbordados y de una evidente falta de lectura política.

Hoy, más que nunca, el PRD enfrenta un momento de reflexión profunda. No basta con justificar errores ni con culpar al contexto. Es momento de corregir el rumbo, renovar estrategias y, sobre todo, entender que la política —dentro y fuera de Panamá— exige respeto, inteligencia y humildad.

Porque lo que viene no será fácil.

La tormenta apenas comienza… y el tsunami político puede ser devastador.

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