La confianza es el principal activo de cualquier sistema bancario. Y precisamente por eso, cuando una institución financiera decide dar la cara, someterse al escrutinio y colaborar de manera abierta con las autoridades, esa decisión merece ser reconocida.
BAC Panamá ha anunciado su incorporación voluntaria al proceso relacionado con la investigación de los créditos fiscales y el sistema e-Tax. No lo hace, según ha informado públicamente, porque exista una acusación formal contra el banco, sino para poner a disposición de las autoridades documentación, trazabilidad y toda la información vinculada con las operaciones bajo revisión.
Ese paso es importante.
En momentos donde cualquier investigación puede generar rumores, especulaciones y desconfianza, esconderse detrás del silencio suele ser la peor estrategia. BAC ha escogido otro camino: presentarse, explicar su posición y colaborar.
Eso no debilita al sistema financiero panameño. Lo fortalece.
La banca necesita instituciones capaces de defender sus actuaciones con documentos, controles internos y transparencia. Y también necesita autoridades con la independencia suficiente para investigar hasta las últimas consecuencias, sin privilegios y sin condenas anticipadas.
BAC ha sostenido que los créditos fiscales adquiridos aparecían debidamente registrados y certificados dentro de la plataforma oficial de la Dirección General de Ingresos. También ha señalado que sus propios mecanismos de control detectaron alertas y que está dispuesto a aportar la información necesaria para que se determine qué ocurrió.
Ahora corresponde a la justicia establecer responsabilidades.
Pero existe una diferencia enorme entre una institución que evade una investigación y otra que voluntariamente entra al proceso para demostrar la trazabilidad de sus actuaciones.
Esa diferencia debe reconocerse.
Panamá necesita proteger la reputación de su centro bancario, pero esa reputación no se protege ocultando problemas. Se protege enfrentándolos con instituciones fuertes, controles rigurosos, transparencia y debido proceso.
Que BAC dé la cara transmite un mensaje correcto: quien confía en sus procesos debe estar dispuesto a abrirlos a revisión.
La investigación debe continuar con firmeza.
Que se descubra quién manipuló el sistema, quién creó créditos irregulares, quién obtuvo beneficios indebidos y quién debe responder ante la justicia.
Pero mientras eso ocurre, también debemos defender un principio esencial: investigar no significa condenar.
La transparencia de BAC, su decisión de participar y su disposición a entregar información constituyen una señal positiva para clientes, inversionistas y para todo el sistema financiero.
En tiempos de incertidumbre, dar la cara también es una forma de liderazgo.
Editorial PNN
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