Por Aldo López Tirone
Hay una frase que resume mi visión del momento político que vive Panamá:
Varela transmitió lentitud. Cortizo transmitió ausencia. Mulino transmite autoridad y decisión. Pero todavía debe demostrar que esa autoridad llega a la mesa, al empleo, al hospital y al bolsillo de cada panameño.
Esa, a mi juicio, es la diferencia entre gobernar bien y lograr que la gente sienta que está viviendo mejor.
No tengo dudas de que el presidente José Raúl Mulino ha demostrado un estilo distinto al de sus dos antecesores. En poco más de un año ha tomado decisiones que otros prefirieron aplazar, enfrentando problemas heredados como la crisis del Seguro Social, el desempleo, la migración irregular, las finanzas públicas y proyectos que llevaban años detenidos. El país volvió a ver un Presidente que decide, que asume costos políticos y que ejerce autoridad.
Sin embargo, la política tiene una regla que nunca cambia: los gobiernos no son evaluados por lo que hacen, sino por lo que la gente siente en su vida diaria.
El ciudadano no desayuna con cifras macroeconómicas ni cena con estadísticas de crecimiento. Lo que realmente le importa es saber si consiguió trabajo, si el agua llega a su casa, si encuentra medicamentos, si puede pagar el supermercado y si sus hijos tienen un mejor futuro.
Ahí es donde hoy existe la mayor brecha del Gobierno: entre la gestión y la percepción.
Creo que al Gobierno le ha faltado contar una sola gran historia. Los anuncios aparecen dispersos: una carretera, un hospital, una reforma, una inversión, un programa social. Pero el ciudadano aún no logra conectar todas esas piezas para entender hacia dónde se dirige el país.
También hace falta más cercanía. La autoridad inspira respeto, pero la empatía genera confianza. El Presidente debe seguir siendo firme, pero al mismo tiempo necesita mostrar cómo cada decisión transforma la vida de personas reales. Las historias humanas convencen más que cualquier conferencia de prensa.
La oposición ha entendido que hoy la política se libra, sobre todo, en el terreno de las emociones. Mientras el Gobierno comunica obras y cifras, sus adversarios comunican frustraciones, miedos y enojo. Esa batalla no se gana únicamente con resultados administrativos; también se gana conectando con la esperanza de la gente.
Por eso creo que el siguiente paso del presidente Mulino no consiste en cambiar su forma de gobernar, sino en cambiar la forma en que el país percibe ese gobierno.
Ha llegado el momento de pasar del mensaje de «estamos ordenando la casa» al de «estos son los resultados que ya están llegando a tu hogar».
Si esa transición ocurre, la historia política de este gobierno podría ser muy distinta a la que hoy reflejan las encuestas.
Porque al final, la verdadera victoria de un gobernante no es solamente administrar mejor que sus antecesores.
Es lograr que cada panameño pueda decir, sin necesidad de escuchar un discurso, que su vida comenzó a mejorar.
— Aldo López Tirone
Panamá Noticias Network Panamá Noticias Network, Tu Portal con las Mejores Noticias de Panamá y el Mundo.
