Panamá atraviesa uno de los momentos más importantes de su historia reciente. El debate sobre el futuro de Cobre Panamá no puede seguir secuestrado por posiciones extremas donde unos solo hablan de dinero y otros solo hablan de cerrar las puertas al desarrollo. Como nación, llegó el momento de sentarnos en una misma mesa y preguntarnos qué es lo mejor para los más de cuatro millones de panameños.
Nadie discute que el medio ambiente debe protegerse. Esa debe ser una condición innegociable. Pero también es una realidad que miles de familias perdieron su fuente de ingresos tras el cierre de la mina y que cientos de pequeñas y medianas empresas vieron desaparecer su principal cliente. Diversos análisis económicos estiman que una eventual reactivación, bajo nuevas reglas y mayores controles, podría recuperar decenas de miles de empleos directos e indirectos y convertirse nuevamente en uno de los principales motores del crecimiento nacional.
No se trata de volver al pasado ni de repetir errores. Se trata de construir un nuevo modelo donde Panamá gane más, donde exista una fiscalización ambiental permanente, donde las comunidades reciban beneficios reales y donde cada dólar generado contribuya a mejorar la educación, la salud, las carreteras y la seguridad social.
Más de 50 mil panameños podrían beneficiarse directa o indirectamente mediante empleos, proveedores, transporte, comercio, hospedaje, alimentación, servicios técnicos y cientos de pequeños negocios que dependen del movimiento económico que genera una operación de esta magnitud. Una mina no solo emplea ingenieros; también impulsa al pequeño empresario, al transportista, al agricultor, al comerciante y al emprendedor que vive del consumo de quienes trabajan alrededor del proyecto.
El verdadero patriotismo consiste en escuchar todas las voces. Ni quienes defienden la reapertura son enemigos del ambiente, ni quienes expresan preocupaciones ambientales son enemigos del progreso. Panamá necesita un diálogo serio, técnico y transparente, basado en evidencia, donde prevalezcan los intereses nacionales por encima de cualquier ideología o interés político.
El cobre es hoy uno de los minerales estratégicos más importantes del planeta para la transición energética, la fabricación de vehículos eléctricos, las redes eléctricas y las nuevas tecnologías. Mientras el mundo aumenta su demanda, Panamá tiene la oportunidad de decidir inteligentemente cómo administrar uno de sus recursos más valiosos.
Es momento de dejar atrás la confrontación. Que la decisión sobre Cobre Panamá no sea una victoria de un grupo sobre otro, sino una victoria del país entero. Porque cuando Panamá trabaja unido, sin fanatismos y pensando en las próximas generaciones, siempre encuentra el camino correcto.
La riqueza de una nación no está solo debajo de la tierra; está en la capacidad de su pueblo para unirse y tomar decisiones con responsabilidad, visión y amor por Panamá.
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