Fue a buscar el cheque de su trabajo y hoy lucha por su vida. Un abuelo de 56 años no reconoce a su familia mientras sus seres queridos claman entre lágrimas por justicia.
Una escalera cambió una vida… y destrozó una familia
Lo que debía ser un trámite de apenas unos minutos terminó convirtiéndose en una tragedia que hoy mantiene a una familia viviendo su peor pesadilla.
Alberto Llerena, de 56 años, acudió al edificio Hatillo de la Alcaldía de Panamá para retirar el cheque correspondiente a su quincena, luego de haber sido cesado de sus funciones. Nunca imaginó que saldría de ese lugar luchando por su vida.
Tras sufrir una caída en las escaleras del edificio, quedó inmóvil sobre el suelo con graves lesiones en la cabeza. Fue sometido de urgencia a una cirugía y permanece en estado delicado, mientras los médicos esperan nuevos estudios, entre ellos un TAC, para determinar el alcance definitivo de las lesiones.
Pero el dolor de esta historia no se mide únicamente en diagnósticos médicos.
Se mide en las lágrimas de una hija que ve cómo su padre abre los ojos… pero ya no reconoce a quienes más ama.
«Mi papá no sabe quiénes somos«, relató entre sollozos Yaritza Llerena, una frase que resume el drama de una familia que siente que, aunque Alberto sigue respirando, una parte de él quedó atrapada para siempre en aquella escalera.
El golpe también ha destrozado emocionalmente a un niño de apenas 10 años: su nieto, quien ahora enfrenta la angustia de ver a su abuelo sin comprender por qué ya no puede abrazarlo ni llamarlo por su nombre.
Entre lágrimas, Yaritza lanzó un grito que hoy encuentra eco en miles de panameños:
«Yo quiero justicia por mi papá.»
La familia presentó una denuncia y anunció que interpondrá una querella contra el alcalde capitalino, el director de la Policía y el jefe de la Policía Municipal, al considerar que existen responsabilidades que deben ser investigadas.
Por su parte, el alcalde calificó lo sucedido como un hecho lamentable y manifestó que esperará los resultados de las investigaciones que adelanta la Casa de Paz. Además, reconoció públicamente que la actuación de la Policía Municipal «no fue la que se espera de una fuerza disuasiva».
Sin embargo, para la familia, las palabras no alivian el sufrimiento.
Nada devuelve los recuerdos perdidos.
Nada calma el vacío de un nieto que ve cómo su abuelo ya no sabe quién es.
Nada borra la imagen de un hombre que salió de su casa para cobrar el fruto de su trabajo y terminó librando la batalla más difícil de su vida.
Hoy, mientras Alberto permanece hospitalizado, Panamá observa con indignación un caso que trasciende lo legal. Es una historia profundamente humana, donde una familia no solo pide que se investiguen los hechos, sino que implora que ninguna otra tenga que vivir el mismo dolor.
Porque hay heridas que se suturan en un quirófano.
Pero hay otras que permanecen abiertas para siempre en el corazón de una familia.
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