Una contratación de B/.3.3 millones, un solo proponente y una oferta apenas B/.107 por debajo del precio de referencia vuelven a encender las alarmas en la Alcaldía de Panamá.
Editorial de Panamá Noticias Network
En la Alcaldía de Panamá parece haberse instalado una Navidad permanente para algunos contratistas.
Mientras los ciudadanos pagan impuestos, soportan calles deterioradas, aceras destruidas, problemas con la basura, parques abandonados y comunidades enteras reclamando servicios básicos, el alcalde Mayer Mizrachi decidió volver a destinar casi 3.3 millones de dólares al alumbrado navideño de la capital.
Y, como si se tratara de una historia cuyo final ya todos conocían, la beneficiada volvió a ser Disaroca Group, S.A.
La empresa se adjudicó el contrato por B/.3,299,893, una cifra que quedó solamente 107 dólares por debajo del precio de referencia establecido por la Alcaldía.
Pero el dato que debería provocar una revisión inmediata es todavía más delicado: Disaroca Group fue la única empresa que presentó una propuesta.
¿De verdad nadie más en Panamá podía competir por un contrato de 3.3 millones de dólares?
¿Las condiciones del pliego fueron diseñadas para garantizar una competencia abierta o terminaron construyendo una autopista por la que solamente podía transitar una empresa?
¿Quién elaboró el precio de referencia? ¿Cómo se calcularon los costos? ¿Por qué la oferta ganadora quedó prácticamente calcada al monto máximo presupuestado? ¿Qué controles independientes verificaron que ese precio era realmente el más conveniente para el Municipio?
Estas preguntas no pueden responderse con un video en TikTok, una transmisión en directo ni una publicación adornada en Instagram.
La transparencia no es un espectáculo de redes sociales.
La transparencia consiste en demostrar, documento por documento, por qué un contrato millonario terminó nuevamente en manos de una empresa recurrente, sin competencia efectiva y consumiendo casi la totalidad del presupuesto disponible.
La Navidad puede tener luces. Lo que no puede tener son sombras.
No estamos afirmando que exista un delito. Eso corresponde determinarlo a las autoridades competentes. Pero sí estamos frente a un proceso que deja un fuerte hedor político, administrativo y ético que el alcalde está obligado a despejar.
Cuando una misma empresa vuelve a quedarse con contratos similares, deja de ser suficiente decir que cumplió los requisitos.
Hay que explicar por qué nadie más compitió.
Hay que explicar si las condiciones permitieron la entrada de otros oferentes.
Hay que publicar los estudios de mercado, los costos unitarios, los criterios técnicos, las evaluaciones, la experiencia exigida y cada elemento utilizado para calificar la propuesta.
También debe revelarse cuánto cuesta cada estructura, cada árbol decorado, cada metro de iluminación, cada instalación eléctrica, cada traslado, cada mantenimiento y cada desmontaje.
No basta con entregar una cifra global de 3.3 millones de dólares y pedirles a los ciudadanos que confíen.
La confianza pública no se impone. Se construye con información.
Disaroca Group ya ha participado en proyectos anteriores de iluminación navideña. Por eso, su nueva adjudicación debe ser observada con mayor rigor, no con menos.
Cuando un proveedor comienza a aparecer repetidamente alrededor de una institución, corresponde elevar los controles, impedir cualquier apariencia de favoritismo y demostrar que no se ha convertido en la empresa consentida de la administración.
Mayer Mizrachi llegó a la Alcaldía prometiendo innovación, modernidad y eficiencia. Sin embargo, innovar no es cambiar comunicados oficiales por videos virales. Innovar sería transformar completamente el modelo del alumbrado navideño para que deje de representar una carga multimillonaria para los contribuyentes.
La capital necesita celebrar la Navidad, pero no necesita gastar todos los años millones de dólares públicos para lograrlo.
Existe una alternativa evidente: el patrocinio de la empresa privada.
Bancos, supermercados, centros comerciales, empresas de telecomunicaciones, aseguradoras, constructoras, comercios, hoteles y grandes marcas podrían patrocinar parques, plazas y avenidas bajo un reglamento transparente y con límites claros de publicidad.
La Alcaldía podría dividir el proyecto por zonas, convocar concursos de diseño y permitir que diferentes empresas adopten espacios públicos. De esa manera se reduciría el costo para el contribuyente, aumentaría la participación empresarial y se evitaría que todo el negocio termine concentrado en un solo contratista.
Incluso podrían crearse categorías de patrocinio, aportes en especie y alianzas con juntas comunales, asociaciones de comerciantes y organizaciones comunitarias.
Eso sí sería innovar.
Eso sí sería administrar con responsabilidad.
Eso sí representaría cuidar el dinero de los ciudadanos.
Resulta incomprensible que una ciudad con necesidades urgentes comprometa casi 3.3 millones de dólares en decoraciones temporales sin agotar primero las posibilidades de financiamiento privado.
¿Cuántas aceras podrían repararse con ese dinero?
¿Cuántos parques permanentes podrían recuperarse?
¿Cuántas luminarias de seguridad podrían instalarse durante todo el año?
¿Cuántos barrios podrían recibir mejoras que no desaparezcan después del Día de Reyes?
El alcalde debe recordar que el dinero municipal no es suyo. Tampoco pertenece a sus funcionarios ni a los contratistas.
Ese dinero pertenece a los ciudadanos.
Por eso, desde Panamá Noticias Network consideramos indispensable que la Contraloría General de la República, la Dirección General de Contrataciones Públicas, el Consejo Municipal y las comisiones correspondientes revisen cada detalle del proceso.
Deben examinarse las especificaciones del pliego, los requisitos de participación, el estudio de mercado, la formación del precio de referencia y las razones por las cuales solamente se recibió una propuesta.
También corresponde determinar si existieron empresas interesadas que decidieron no participar y, en ese caso, preguntarles directamente por qué se retiraron.
La fiscalización no puede comenzar después de que se gaste el dinero.
Debe realizarse antes de la firma, durante la ejecución y al momento de recibir cada servicio contratado.
Mizrachi no puede convertir la Alcaldía de Panamá en una plataforma de publicidad personal mientras los contratos sensibles son tratados como asuntos secundarios.
Ser alcalde no consiste solamente en generar contenido. Consiste en rendir cuentas.
Disaroca podrá iluminar 35 espacios públicos en los 26 corregimientos del distrito, pero ninguna cantidad de bombillos podrá borrar las interrogantes que deja un contrato con un solo proponente, una empresa repetida y una oferta situada apenas 107 dólares por debajo del precio oficial.
Esta adjudicación debe ser explicada hasta el último centavo.
Porque la ciudad merece celebrar la Navidad, pero también merece saber quién gana, cuánto gana, cómo gana y por qué siempre parecen ganar los mismos.
Las luces se apagan en enero.
Las dudas sobre el manejo del dinero público pueden permanecer encendidas durante años.
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