Lo que hace apenas meses parecía una luna de miel política, hoy empieza a parecer una caída libre. El alcalde Mayer Mizrachi, que llegó envuelto en la euforia de las redes sociales, los aplausos digitales y una narrativa de renovación, enfrenta ahora el que podría ser su momento más crítico desde que asumió el poder en 2024. El mismo personaje que fue vendido como fenómeno político, fresco, moderno y distinto, hoy aparece golpeado por el desgaste, la decepción ciudadana y la sospecha de que detrás de tanta cámara, tanto TikTok y tanto reel, había muy poco fondo.
Un sondeo realizado por D Media Group LLC, solicitado por este medio, revela un descenso drástico en su nivel de aceptación: apenas 21%. La cifra sacude el tablero político, sobre todo si se compara con el 89% que en mediciones anteriores alcanzó dentro de esta misma plataforma mediática. La pregunta es inevitable: ¿cómo se desploma tan rápido una figura que parecía tenerlo todo para consolidarse? La respuesta empieza a dibujarse sola en la calle, en los corrillos políticos y en el malestar creciente de una ciudadanía que siente que la ciudad sigue igual, o peor, mientras su alcalde parece más concentrado en producir contenido que en producir resultados.
A ese desgaste se suma otro elemento explosivo: el peso de una docena de asesores con altos salarios, en una administración que todavía no logra convencer con obras, soluciones ni ejecutorias que justifiquen semejante estructura. Y por si fuera poco, cada vez hace más ruido un silencio incómodo: hasta ahora no se conoce una sola querella contundente contra el anterior alcalde, pese a todo lo que se prometió y denunció políticamente. En cambio, lo que sí crece son los comentarios, rumores y versiones sobre la supuesta permanencia de viejos operadores dentro del municipio, moviendo influencias, tocando puertas y, según se dice en voz baja, siendo pieza clave para contratos nuevos y pagos pendientes a viejos concesionarios.
Si esos rumores resultan ciertos, no estaríamos solo ante una mala administración de imagen, sino frente a una peligrosa espada de Damocles sobre la gestión Mizrachi. Porque una cosa es perder brillo, y otra muy distinta es quedar atrapado por las mismas prácticas que prometió combatir. Lo que hoy vive Mayer Mizrachi ya no parece un simple bajón de popularidad: empieza a oler a crisis política de verdad. Y cuando el niño consentido de las redes deja de divertir y empieza a decepcionar, la caída puede ser tan viral como su ascenso.
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