Ley del Olvido Oncológico en Panamá y gestión de José Raúl Mulino

Otra Acción de José Raúl Mulino que Aplaudir. La Ley del Olvido Oncológico: Opinión de Aldo López Tirone

En política hay que tener la madurez de señalar los errores, pero también la honestidad de reconocer los aciertos. Yo no creo en esa oposición automática que convierte todo lo que hace un gobierno en motivo de crítica. Cuando una decisión pública es correcta, beneficia a la gente y corrige una injusticia, hay que decirlo sin complejos.

Por eso hoy quiero reconocer una nueva acción del presidente José Raúl Mulino que, en mi opinión, merece aplauso: la sanción de la Ley 547 del 8 de septiembre de 2026, que establece el derecho al olvido oncológico.

No estamos hablando de una ley menor. Estamos hablando de una norma que toca directamente la dignidad, las oportunidades y la capacidad de rehacer su vida de quienes han atravesado una de las pruebas más difíciles que puede enfrentar un ser humano: el cáncer.

La esencia de esta ley es sencilla, pero profundamente justa. Una persona que haya superado una enfermedad oncológica y que se haya mantenido durante al menos cinco años sin recurrencia o reincidencia no tendrá que seguir cargando eternamente con ese diagnóstico cuando solicite determinados servicios bancarios, crediticios o de seguros.

Y me parece correcto.

Porque quien venció el cáncer no debería recibir, años después, una especie de segunda condena impuesta por el sistema financiero.

No tiene sentido que una enfermedad superada continúe cerrando puertas para comprar una vivienda, acceder a un crédito, proteger a la familia mediante un seguro o levantar un emprendimiento.

Una sociedad justa tiene que saber distinguir entre el riesgo real del presente y una condición médica que forma parte del pasado.

Esta ley hace precisamente eso.

Prohíbe que empresas financieras y aseguradoras utilicen el antecedente de cáncer ya superado para imponer exclusiones, restricciones, cláusulas especiales, discriminaciones o aumentos de primas una vez transcurrido el periodo establecido sin recaída.

Para mí, eso es política pública con sentido humano.

Y creo que vale la pena destacar algo más: gobernar no consiste solamente en administrar presupuestos, inaugurar obras o enfrentar crisis. Gobernar también es identificar esas injusticias silenciosas que durante años han afectado a ciudadanos comunes y tomar una decisión para corregirlas.

Eso es lo que se está haciendo aquí.

El ministro de Comercio e Industrias, Julio Moltó, resumió bien el espíritu de esta legislación al señalar que una persona no puede quedar condicionada para siempre por haber padecido una enfermedad que logró superar.

Comparto completamente ese criterio.

Si alguien logró vencer el cáncer, rehacer su vida, trabajar, producir y seguir adelante, el Estado no debe permitir que el sistema lo obligue a vivir permanentemente bajo la sombra de aquella enfermedad.

La política muchas veces se enreda en debates estériles, confrontaciones partidistas y cálculos electorales. Pero hay temas que deberían estar por encima de todo eso.

La dignidad de un sobreviviente de cáncer es uno de ellos.

Por eso considero acertada la decisión del presidente Mulino.

Y también considero importante reconocerla públicamente.

Porque así como debemos exigirle a cualquier gobierno resultados, sensibilidad y decisiones correctas, también tenemos que saber decir cuando esas decisiones llegan.

En este caso, llegaron.

La Ley del Olvido Oncológico transmite un mensaje poderoso: haber padecido cáncer no puede convertirse en una sentencia financiera de por vida.

Esa frase resume, en buena medida, la importancia de esta norma.

Una persona que sobrevivió al cáncer ya libró una batalla suficientemente dura. No debería tener que continuar librándola frente a un banco, una aseguradora o una institución financiera cada vez que intenta construir su futuro.

Quiero ver más decisiones de este tipo.

Decisiones que protejan al ciudadano, que corrijan desigualdades y que demuestren que el poder público puede utilizarse para facilitar la vida de la gente y no para complicársela.

Y cuando eso ocurra, también lo voy a decir.

No me interesa la política de negar los méritos del adversario ni la costumbre de convertir cada tema nacional en una pelea entre bandos. Me interesa que Panamá avance y que las decisiones correctas sean reconocidas, vengan de donde vengan.

En esta ocasión, el reconocimiento corresponde al presidente José Raúl Mulino.

La sanción de la Ley del Olvido Oncológico es una decisión socialmente justa, políticamente sensible y profundamente humana.

Otra acción de José Raúl Mulino que aplaudo.

Porque un país que permite a sus ciudadanos dejar atrás una enfermedad que ya vencieron es también un país que les permite volver a mirar hacia adelante.

Aldo López Tirone

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