Maquinaria pesada realizando extracción de material pétreo en el cauce del río San Félix, Chiriquí, Panamá

Beto Bagatrac y el río San Félix: el agua no puede seguir pagando el precio del negocio

El río San Félix no es una cantera. No es propiedad de una empresa. No es un patio privado para mover piedras, desviar cauces o alterar la vida de una comunidad. El río San Félix es agua, es vida, es producción, es salud y es el sustento de miles de panameños que hoy se preguntan lo mismo: ¿hasta cuándo se permitirá este abuso?

En el centro de esta polémica vuelve a aparecer el nombre de Beto Bagatrac y de una empresa vinculada a la extracción de material pétreo. Una actividad que, cuando no se controla con firmeza, termina dejando heridas profundas en los ríos, afectando los cauces naturales, golpeando los ecosistemas y poniendo en riesgo algo tan básico como el agua potable.

El daño al río San Félix no puede tratarse como un simple trámite administrativo. Cuando una comunidad queda afectada, cuando el cauce de un río es intervenido, cuando se compromete la toma de agua de una planta potabilizadora y cuando miles de personas sufren las consecuencias, ya no estamos hablando solo de permisos, papeles o maquinaria. Estamos hablando de una posible agresión contra la vida de un pueblo.

Panamá no puede seguir permitiendo que el poder económico avance por encima del interés colectivo. No podemos aceptar que los ríos sean sacrificados en nombre del negocio. No podemos acostumbrarnos a ver maquinaria pesada entrando a zonas sensibles mientras las comunidades quedan mirando, denunciando y esperando que alguna autoridad se atreva a actuar.

Aquí no se trata de estar en contra del desarrollo. Panamá necesita obras, caminos, puentes e inversión. Pero ningún desarrollo puede justificarse si deja ríos destruidos, pueblos sin agua y ecosistemas golpeados. El progreso verdadero no arrasa con la naturaleza; la respeta. El progreso verdadero no humilla a las comunidades; las protege.

Por eso, el caso del río San Félix exige respuestas claras, sanciones ejemplares si hubo violaciones, reparación ambiental y una investigación seria, sin miedo a nombres, empresas, influencias ni contratos. Las autoridades tienen la obligación de demostrar que en Panamá todavía hay límites. Que el agua no se vende. Que los ríos no se negocian. Que la vida de una comunidad vale más que cualquier negocio.

San Félix no puede quedarse solo. Este no es un problema únicamente de Chiriquí. Es un mensaje para todo el país. Si hoy se permite la destrucción de un río, mañana puede ser otro. Si hoy se guarda silencio, mañana el daño será irreversible.

El río San Félix necesita defensa inmediata. Necesita vigilancia ciudadana. Necesita instituciones firmes. Necesita que se escuche la voz de quienes viven allí y dependen de sus aguas.

Porque cuando se destruye un río, no solo se mueve piedra. Se rompe el equilibrio de una comunidad. Se amenaza el agua de los niños, de los adultos mayores, de los productores y de las familias trabajadoras.

Panamá debe decidir de qué lado está: del lado del negocio sin control o del lado del agua, la vida y la justicia ambiental.

El río San Félix no puede seguir pagando el precio de la indiferencia. Y si nadie pone un alto, entonces le corresponde al pueblo levantar la voz.

San Félix exige. respuestas. Panamá exige respeto. El agua se defiende.

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