Rescate de la Escuela República de Venezuela por el Presidente Mulino

Presidente Mulino rescata Escuela República de Venezuela, abandonada por Nito Cortizo

Por: Aldo López Tirone

En Panamá, gobernar no solo es prometer… es terminar. Y en ese punto exacto, donde muchos fallaron, hoy comienza a marcar diferencia la gestión del presidente José Raúl Mulino.

La reciente inauguración de la Escuela República de Venezuela en Calidonia no es simplemente la entrega de una obra más. Es el símbolo claro de una nueva forma de gobernar: rescatar, concluir y devolverle al pueblo lo que por años le fue negado.

Nueve años de abandono. Nueve años donde generaciones de estudiantes vieron pasar gobiernos, discursos y excusas, pero no soluciones. Nueve años que reflejan lo que fue una constante durante la administración de Nito Cortizo: proyectos detenidos, infraestructura inconclusa y una deuda social creciente.

Hoy, esa historia comienza a cambiar.

Con una inversión superior a los 21 millones de balboas, esta moderna escuela no solo representa concreto y tecnología; representa dignidad. Representa un compromiso real con la educación pública, esa que durante años fue relegada frente a la privada.

Aulas equipadas, conectividad total, laboratorios especializados, biblioteca moderna, espacios deportivos de primer nivel… no es un lujo, es lo mínimo que merece la niñez panameña. Y es precisamente ahí donde Mulino está enviando un mensaje contundente: la educación no es un gasto, es una inversión en el futuro del país.

Pero más allá de la infraestructura, lo verdaderamente trascendental es la visión.

Mulino no está inaugurando obras aisladas; está ejecutando una política clara de rescate nacional. Escuelas, hospitales, estadios, carreteras… proyectos que fueron abandonados hoy están siendo terminados. Y eso, en política, tiene un valor enorme: demuestra gestión, carácter y, sobre todo, respeto por los recursos del Estado.

Porque cada obra abandonada no es solo cemento detenido… es dinero del pueblo desperdiciado.

El presidente lo ha dicho con claridad: ya son casi 50 centros educativos terminados y el trabajo continúa. Esto no es improvisación, es planificación. No es discurso, es acción.

Y hay algo aún más importante: el enfoque en cerrar brechas. Cuando Mulino habla de equiparar la educación pública con la privada, está tocando una de las fibras más sensibles de la desigualdad en Panamá. No puede haber desarrollo real mientras el acceso al conocimiento siga siendo un privilegio y no un derecho.

La intervención de la ministra Lucy Molinar también deja ver que hay un equipo alineado con esa visión: calidad, inclusión y modernización. Y eso es clave, porque los grandes cambios no se logran solos, se construyen con equipos comprometidos.

Pero quizás el momento más poderoso de esta inauguración no vino de un discurso político, sino de una estudiante: María Ramos. En sus palabras sencillas pero profundas está la esencia de todo esto. No se trata solo de un edificio bonito, se trata de oportunidades, de sueños, de futuro.

Ahí es donde se mide realmente un gobierno.

Hoy, Panamá empieza a ver señales de un liderazgo que no mira hacia atrás para justificar errores, sino hacia adelante para corregirlos. Un liderazgo que entiende que gobernar es resolver, no administrar excusas.

La Escuela República de Venezuela no es solo una obra terminada. Es un mensaje político, social y moral: cuando hay voluntad, sí se puede.

Y si esta es la ruta, Panamá no solo recuperará lo perdido… avanzará con fuerza hacia lo que siempre debió ser.

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