La historia de Lucas Castillo Degracia no es solamente la historia de un joven panameño que logró ingresar a una de las universidades más prestigiosas del mundo. Es también la prueba contundente de que cuando Panamá apuesta por la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación, sus estudiantes pueden competir —y triunfar— en los escenarios más exigentes del planeta.
A pocos días de celebrarse la XII Olimpiada Nacional de Robótica WRO Panamá 2026, organizada por la Fundación Nacional para el Desarrollo de las STEAM (FUNDESTEAM) y Editorial Aprender STEAM, el logro de Lucas se convierte en un símbolo poderoso del impacto que la robótica educativa puede tener en la vida de un estudiante.
Lucas inició su trayectoria en la Olimpiada Nacional de Robótica cuando apenas tenía seis años. Desde entonces, su camino ha estado marcado por una década de disciplina, aprendizaje, esfuerzo, derrotas, triunfos y perseverancia. Hoy, ese recorrido lo lleva a la Universidad de Yale, en Estados Unidos, donde fue admitido con una beca completa valorada en aproximadamente 400 mil dólares.
El logro es extraordinario no solo por la beca, sino por el nivel de competencia que representa. Para la promoción académica 2026-2030, Yale admitió apenas 2,328 estudiantes de un total de 54,919 aspirantes provenientes de más de 75 países. Esto equivale a una tasa global de aceptación de 4.2 %, que en la fase de Decisión Regular descendió a menos del 3 %. En ese universo altamente competitivo, Lucas se convirtió en el único panameño aceptado para esa promoción.
Su historia demuestra que la robótica no se trata únicamente de construir máquinas o programar códigos. La robótica forma carácter. Enseña a pensar bajo presión, a resolver problemas, a trabajar en equipo, a liderar, a fallar, a levantarse y a volver a intentarlo.
“Aprendí a rendir bajo presión, a tomar decisiones difíciles con el reloj corriendo y a liderar un equipo con una visión clara. Pero sobre todo aprendí a no tenerle miedo al fracaso: perdí muchas veces antes de ganar. Me tomó diez años llegar a un campeonato mundial, y esa persistencia ha sido determinante en todo lo que he hecho después”, afirmó Lucas.
Esa frase resume una de las grandes lecciones que el país debe entender: el talento existe, pero necesita oportunidades. Lucas no llegó a Yale por casualidad. Llegó porque tuvo acceso a espacios que estimularon su curiosidad, pusieron a prueba sus capacidades y le permitieron desarrollar habilidades que hoy son indispensables en el mundo moderno.
Su trayectoria incluye múltiples títulos nacionales en la World Robot Olympiad Panamá y un hito internacional de enorme valor: en 2025 obtuvo el Primer Lugar en el campeonato del FIRST Global Challenge, una de las competencias de robótica más exigentes y prestigiosas del mundo.
Pero el éxito de Lucas también habla de un proceso colectivo. Durante los últimos doce años, las Olimpiadas Nacionales y Regionales de Robótica han impactado a miles de estudiantes, docentes y entrenadores de escuelas oficiales y particulares en todo el país. Estas competencias han contribuido a posicionar a Panamá como un referente de la robótica educativa en América Latina y entre los diez mejores países del mundo en distintas competencias internacionales.
Ese liderazgo permitió que Panamá fuera sede de eventos globales de gran importancia, como la World Robot Olympiad 2023, la Intercontinental de Robótica 2025 y el FIRST Global Challenge 2025. Es decir, el país no solo ha enviado talento al mundo: también ha demostrado capacidad para recibir al mundo y convertirse en plataforma de innovación educativa.
Lucas participó activamente en estos escenarios nacionales e internacionales, construyendo un perfil académico, técnico y humano que fue valorado en su proceso de admisión universitaria. Su caso confirma que las competencias STEAM no son actividades extracurriculares menores. Son espacios de formación profunda, donde los jóvenes aprenden a competir con excelencia, a pensar globalmente y a descubrir que su talento puede abrir puertas antes consideradas imposibles.
“Soy la prueba de que la robótica educativa y la educación STEAM transforman vidas. Estas experiencias abren puertas que parecen imposibles y preparan a los jóvenes para enfrentar los grandes desafíos del mundo. Mi consejo para todos los estudiantes, de escuelas oficiales y particulares, es que aprovechen estas oportunidades. Y sobre todo, que tengan el coraje de tomar la iniciativa y dar el paso adelante cuando nadie más se atreve. Los resultados pueden cambiarles la vida”, expresó Lucas.
Su mensaje debe escucharse en todo Panamá. En las aulas, en los hogares, en las instituciones públicas, en las empresas privadas y en cada espacio donde se decide el futuro educativo del país.
La historia de Lucas Castillo Degracia obliga a mirar más allá del orgullo momentáneo. Este logro debe convertirse en una invitación a fortalecer la educación científica y tecnológica, a ampliar el acceso a programas STEAM, a apoyar a docentes, entrenadores y estudiantes, y a garantizar que más niños y jóvenes puedan descubrir sus capacidades desde edades tempranas.
Porque un país que invierte en robótica, ciencia, creatividad y pensamiento crítico no solo forma estudiantes para ganar competencias. Forma ciudadanos capaces de resolver problemas, liderar equipos, crear soluciones y representar a Panamá con excelencia en el mundo.
Lucas no solo ganó una beca. Lucas abrió una puerta. Y detrás de esa puerta está la posibilidad de que muchos más jóvenes panameños entiendan que su origen no limita su destino.
Su ingreso a Yale, con una beca completa valorada en más de 400 mil dólares, es una victoria personal, familiar y nacional. Es también una señal clara de lo que puede ocurrir cuando el talento se encuentra con la oportunidad, cuando la disciplina se sostiene en el tiempo y cuando la educación se convierte en verdadero motor de transformación.
La historia de Lucas Castillo Degracia refleja el verdadero propósito de la Olimpiada Nacional de Robótica: formar jóvenes con conocimientos científicos y tecnológicos, pero también con liderazgo, resiliencia, creatividad y visión de futuro.
Hoy, Panamá celebra a Lucas. Pero, sobre todo, debe aprender de su historia.
Porque cuando la educación, la innovación y el talento se unen, los sueños de un estudiante panameño pueden llegar hasta las aulas de una de las universidades más prestigiosas del planeta.
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