El retraso en la licitación de computadoras estudiantiles en Panamá y su impacto en la brecha digital

Exijamos computadoras YA… ¿o vamos a esperar que hasta Haití avance primero?

La salida de una ministra, las investigaciones, las diferencias entre proveedores, las impugnaciones comerciales y el inevitable morbo político no pueden convertirse en una sentencia contra el futuro de nuestros estudiantes.

Panamá tiene que separar urgentemente dos asuntos que parecen haberse mezclado: una cosa es investigar, fiscalizar y garantizar que cada centavo del Estado sea utilizado correctamente; otra muy distinta es permitir que las controversias terminen paralizando una política educativa necesaria.

La compra de computadoras para los estudiantes del sistema oficial ha atravesado varios intentos fallidos. El último proceso buscaba adquirir 531,250 laptops y volvió a quedar desierto después de que ninguna de las propuestas cumpliera integralmente con los requisitos establecidos.

¿Debemos investigar? Por supuesto.

¿Debemos revisar precios, especificaciones, garantías y procedimientos? Sin ninguna duda.

¿Debe existir verdadera competencia comercial entre los proveedores? Absolutamente.

Pero esa competencia tiene que producir mejores precios y mejores equipos para nuestros muchachos, no convertirse en una guerra jurídica y comercial donde al final el único que pierde es el estudiante.

Los jóvenes de Panamá no pueden convertirse en rehenes de una licitación.

Tampoco pueden ser víctimas de una batalla política.

La exministra Lucy Molinar renunció en medio de los cuestionamientos relacionados con la adquisición de computadoras para docentes, proceso que quedó sujeto a revisión e investigación. Pero el país tiene un nuevo ministro y la educación continúa. Ventura Vega ya anunció que el Meduca seguirá adelante con la compra para los estudiantes y que buscará construir un nuevo pliego con acompañamiento de instituciones técnicas y del sector empresarial.

Eso es lo que Panamá necesita: corregir, transparentar y continuar.

No comenzar otra guerra.

No convertir una marca de computadora en una bandera política.

No favorecer a unos ni perseguir a otros.

Que gane quien ofrezca el mejor equipo, la mejor tecnología, el mejor soporte y el mejor precio para Panamá.

Sea fabricada en Estados Unidos, Asia, América Latina o cualquier lugar del mundo.

La nacionalidad de una computadora importa mucho menos que la oportunidad que esa computadora representa en las manos de un joven panameño.

Porque mientras aquí discutimos marcas, empresas, renuncias, recursos legales y culpables, el mundo continúa avanzando.

Nuestros estudiantes competirán mañana contra jóvenes que hoy utilizan inteligencia artificial, programación, robótica, plataformas digitales y acceso instantáneo al conocimiento.

¿Y nosotros todavía vamos a estar discutiendo quién vende la laptop?

Haití, uno de los países con mayores dificultades económicas de nuestra región, también tiene organizaciones trabajando para llevar computadoras y alfabetización digital a sus estudiantes.

La comparación debe despertarnos:

Panamá no puede darse el lujo de quedarse esperando.

Fiscalicen todo.

Investiguen todo.

Compitan limpiamente.

Hagan una licitación transparente, abierta y técnicamente impecable.

Pero háganla YA.

Porque la política puede esperar.

Los pleitos comerciales pueden resolverse.

Las investigaciones seguirán su curso.

Lo único que jamás podremos devolverles a nuestros jóvenes es el tiempo perdido.

No necesitamos computadoras de un gobierno, de un ministro ni de una empresa.

Necesitamos computadoras para los estudiantes de Panamá.

Y las necesitamos YA.

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