En la política panameña, hay nombres que ocupan titulares… y otros que se mueven en las sombras. No aparecen en la papeleta, no dan discursos en tarima, pero su influencia —dicen muchos en los pasillos— se siente donde realmente se toman las decisiones.
Uno de esos nombres es el del empresario de origen costarricense Juan José Zonta Sing, una figura que desde hace años ha estado rodeada de cuestionamientos, menciones en investigaciones y, al mismo tiempo, de una curiosa capacidad de mantenerse siempre a flote.
Zonta no es un desconocido. Su nombre ha aparecido en expedientes mediáticos relevantes, como el caso vinculado a la Universidad de Panamá, donde finalmente no se determinó lesión patrimonial y el proceso fue archivado. Sin embargo, como suele ocurrir en Panamá, el archivo de un caso no siempre borra las dudas en la opinión pública.
A esto se suman reportes periodísticos durante la pandemia que lo mencionaban en medio de cuestionamientos por compras hospitalarias. Episodios que, sin traducirse en condenas judiciales, alimentaron una narrativa que hoy sigue viva: la de un empresario que se mueve en terrenos donde lo público y lo privado parecen rozarse con demasiada frecuencia.
Pero más allá de los expedientes, lo que hoy vuelve a poner el nombre de Zonta sobre la mesa no es el pasado… sino el presente.
En círculos políticos y empresariales, su nombre empieza a sonar cada vez con más insistencia vinculado al actual presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Herrera. No como un actor visible, sino como una figura de influencia, de esas que —según comentan voces dentro del propio engranaje político— “no necesitan cargo para tener poder”.
No hay, hasta ahora, confirmación pública ni investigaciones abiertas que establezcan una relación formal de financiamiento o vínculo estructurado entre ambos. Pero en política, especialmente en Panamá, las percepciones suelen pesar tanto como los documentos.
Y la percepción crece.
Herrera, que ha venido consolidando una figura de liderazgo dentro del Legislativo, comienza a perfilarse —para algunos analistas— como una posible carta fuerte hacia el 2029. En ese escenario, inevitablemente surge la pregunta que muchos ya se hacen en voz baja:
¿Quién está detrás del crecimiento político de Jorge Herrera?
¿Se trata simplemente de capital político propio… o hay respaldos más discretos que aún no han sido plenamente explicados?
El nombre de Zonta aparece en esa conversación. No como una acusación formal, sino como un eco persistente en los corrillos donde se cruzan empresarios, operadores políticos y estrategas de campaña.
Porque en Panamá, el poder rara vez es lo que parece.
Y mientras algunos construyen imagen pública, otros —quizás— construyen estructura.
La historia de Juan José Zonta Sing es, en ese sentido, la de muchos actores que orbitan el poder sin exponerse del todo: con antecedentes que generan preguntas, con presencia en momentos clave y con una habilidad notable para mantenerse fuera del foco directo.
Hoy, cuando el tablero político comienza a moverse de cara al futuro, su nombre vuelve a aparecer. No en conferencias, no en discursos… sino en ese espacio más difícil de medir, pero imposible de ignorar: el de la influencia.
Porque al final, en política, las preguntas que no se responden… son las que más pesan.
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