La transformación de la Contraloría General de la República de Panamá bajo la gestión de Anel Bolo Flores

De las contralorías opacas, que solo refrendaban, a una contraloría de acción, cercana y fiscalizadora: Anel “Bolo” Flores

De los expedientes acumulados a las auditorías; de los contratos cuestionados a la solidaridad con las familias afectadas por el terremoto.

Durante décadas, para muchos panameños, la Contraloría General de la República fue una institución distante. Su papel parecía resumirse en una palabra: refrendar. Sin embargo, detrás de cada firma estaba la responsabilidad de proteger millones de dólares pertenecientes a todos los ciudadanos.

Hoy, bajo la dirección de Anel “Bolo” Flores, esa imagen comienza a cambiar.

Desde enero de 2025, la Contraloría ha incrementado su actividad fiscalizadora, investigando el manejo de fondos de juntas comunales, revisando los polémicos auxilios económicos del IFARHU y llevando ante las autoridades los resultados de sus auditorías.

Las cifras hablan de una institución mucho más activa. Hasta julio de 2026, la administración reportó 841 auditorías y 601 informes remitidos al Ministerio Público. Asimismo, las investigaciones han derivado en medidas cautelares sobre bienes valorados en aproximadamente 50 millones de dólares.

Uno de los capítulos más significativos fue la auditoría a Panama Ports Company y las acciones judiciales contra su contrato de concesión. La posterior declaratoria de inconstitucionalidad por la Corte Suprema marcó un acontecimiento trascendental para el patrimonio nacional.

Pero el trabajo de Flores no se limita a revisar expedientes.

Su administración también ha impulsado controles sobre el uso de recursos públicos, reducido posiciones administrativas y reportado mejoras considerables en los tiempos de tramitación de pagos a proveedores del Estado.

Y cuando Panamá enfrentó la tragedia del terremoto en Azuero, apareció otra faceta de Bolo Flores: la solidaridad.

Su participación en la movilización de apoyo a los damnificados, junto a la Teletón 20-30, empresas privadas y numerosos ciudadanos, contribuyó a una jornada que reunió más de 1.45 millones de balboas en aportes y compromisos para reconstruir hogares.

Porque detrás de cada cifra hay personas. Detrás de cada auditoría hay recursos que deben llegar a escuelas, hospitales y comunidades. Y detrás de cada vivienda reconstruida hay una familia que necesita recuperar la esperanza.

Las administraciones anteriores también tuvieron actuaciones relevantes, pero las controversias acumuladas durante veinte años dejaron una demanda ciudadana de controles más efectivos y mayor transparencia.

Flores ha colocado la fiscalización en el centro del debate público. Su verdadero legado dependerá de que las investigaciones lleguen a resultados comprobables, se recuperen recursos cuando corresponda y los controles se apliquen sin distinciones.

Una Contraloría moderna no debe limitarse a firmar contratos. Debe revisarlos, cuestionarlos cuando sea necesario, proteger el patrimonio nacional y rendir cuentas al país.

Ese es el cambio institucional que Anel “Bolo” Flores busca representar: una Contraloría de acción, más cercana y fiscalizadora.

Porque el dinero del Estado no pertenece a los gobiernos. Pertenece a todos los panameños.

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