Por Aldo López Tirone
27 de octubre de 2026
Hay momentos en la historia de una nación en los que el ruido político, las críticas, las encuestas y las disputas partidistas quedan temporalmente desplazados por algo mucho más importante: los hechos.
Ayer, 26 de octubre, Panamá vivió uno de esos momentos.
La tuneladora Panamá emergió en Albrook, completando más de 4.5 kilómetros de excavación para la Línea 3 del Metro, después de atravesar las profundidades del Canal de Panamá, aproximadamente a 65 metros bajo el nivel del mar.
Una proeza de ingeniería que demuestra la capacidad de nuestro país para ejecutar proyectos de extraordinaria complejidad.
Pero lo verdaderamente significativo de aquella jornada no fue solamente la llegada de una gigantesca máquina al final de su recorrido. Fue el mensaje político, social y humano que acompañó aquel acontecimiento.
José Raúl Mulino no habló como un presidente preocupado por ganar un concurso de simpatía. Habló como un mandatario decidido a defender su gestión mediante obras concretas.
Y allí radica, precisamente, el fondo de su discurso.
Gobernar no es competir por aplausos
En una época en la que muchos políticos parecen obsesionados con los seguidores, los videos virales y las encuestas de popularidad, Mulino pronunció una frase que merece reflexión:
“No soy un presidente tiktokero”.
Y fue más allá al recordar que los problemas de los panameños no se solucionan con sonrisas ni desafíos en las redes sociales, sino con realizaciones concretas.
Su planteamiento tiene un contenido político profundo: la popularidad inmediata y los resultados de una administración son dos dimensiones distintas del ejercicio del poder.
Las encuestas pueden medir percepciones, aprobación y descontento. Son herramientas legítimas de una democracia. Pero no sustituyen la evaluación de las obras, los servicios y las decisiones públicas.
Una carretera no se construye con porcentajes de aprobación. Un hospital no atiende pacientes con publicaciones virales. Y ningún trabajador de Panamá Oeste recupera las horas perdidas en el congestionamiento vehicular porque un político aparezca sonriendo frente a una cámara.
La verdadera prueba de una promesa de infraestructura llega cuando la obra entra en funcionamiento y comienza a mejorar la vida de la gente.
Lo que otros comenzaron y no terminaron
Durante su intervención, el presidente hizo un recuento de proyectos que recibieron su administración en diferentes etapas y de los avances que atribuye a su gobierno.
Uno de los ejemplos más contundentes fue el cuarto puente sobre el Canal de Panamá.
Mulino aseguró que, entre mayo de 2019 y julio de 2024, ese proyecto apenas había alcanzado un 1% de avance, mientras que durante su administración llegó al 45%.
También mencionó la entrega de los hospitales de Colón y Bugaba, el Policentro de San Isidro, el primer centro oncológico con radioterapia del interior del país, viviendas y centros educativos.
Son afirmaciones y resultados que deben examinarse con sus respectivos registros de ejecución, pero que colocan una discusión fundamental sobre la mesa:
¿Debe juzgarse un gobierno únicamente por su popularidad o también por su capacidad para convertir compromisos en servicios públicos?
El propio mandatario reconoció que todavía quedan proyectos por concluir, entre ellos el cuarto puente, el Hospital del Niño y la misma Línea 3 del Metro.
Porque conviene decirlo claramente: ayer terminó la excavación del túnel, no toda la construcción del Metro. El proyecto registra alrededor de un 82% de avance general y su puesta en funcionamiento está prevista para 2028.
Esa diferencia es importante. Reconocer un logro de ingeniería no exige confundir un hito de construcción con una obra completamente entregada.
Detrás del túnel hay miles de familias
Para mí, el aspecto más importante de este proyecto no está únicamente en sus cifras monumentales.
Está en el padre que sale de su casa antes del amanecer.
En la madre que regresa cuando sus hijos están a punto de dormir.
En los trabajadores que pierden buena parte de su jornada atrapados entre Arraiján, La Chorrera y la capital.
Cuando esta Línea 3 comience a transportar pasajeros, su éxito deberá medirse por algo más que kilómetros excavados o toneladas de concreto: por el tiempo que pueda devolverles a las familias panameñas.
Eso fue precisamente lo que Mulino destacó durante su discurso. El tiempo perdido en un tranque no se recupera con dinero, pero una infraestructura pública bien ejecutada puede evitar que se siga perdiendo.
Y es allí donde las grandes obras adquieren verdadero sentido social.
Las encuestas pasan; las obras permanecen
He participado durante muchos años en la vida política y pública de Panamá. He visto gobiernos con elevados niveles de popularidad y promesas que nunca llegaron a convertirse en realidad. También he visto obras que sobrevivieron a quienes las impulsaron y terminaron beneficiando a generaciones enteras.
Por eso considero que el mensaje de ayer merece analizarse más allá de la confrontación partidista.
Un presidente puede tener un estilo fuerte, ser cuestionado, despertar desacuerdos y enfrentar encuestas desfavorables. Nada de eso elimina su obligación de rendir cuentas.
Pero tampoco debería impedir que se reconozcan los avances verificables de su administración.
Mulino ha colocado públicamente la ejecución de las obras como uno de los parámetros centrales con los que quiere ser evaluado.
Y esa decisión implica una responsabilidad enorme: cada compromiso anunciado debe convertirse en un resultado comprobable.
El túnel bajo el Canal de Panamá constituye un hito concreto. Su culminación demuestra que una etapa de extraordinaria dificultad técnica pudo superarse. Ahora corresponde completar las instalaciones, las pruebas y la entrada en operación del sistema.
Porque la historia no se escribe solamente con discursos, ni con encuestas de opinión, ni con tendencias de las redes sociales.
Se escribe también con decisiones, responsabilidades asumidas y obras que llegan a servir a la población.
Las encuestas retratan un momento. Las obras terminadas pueden transformar generaciones.
Y cuando una promesa se cumple, el mejor reconocimiento no está necesariamente en los aplausos que recibe un presidente, sino en la vida que mejora para un ciudadano.
Ese es el verdadero valor de gobernar con resultados.
Aldo López Tirone
Columnista y analista político
Panamá Noticias Network
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