Reconexión de Balbina Herrera con las bases del PRD y el legado torrijista.

Balbina Herrera apuesta al Espíritu de Omar y la mística Torrijista e inicia un caminar donde todos suman

Hay momentos en la vida de los partidos políticos en los que no basta con reorganizar estructuras ni ajustar discursos; hace falta volver al origen, reencontrarse con el alma que los hizo grandes. Eso es, precisamente, lo que parece estar ocurriendo dentro del Partido Revolucionario Democrático (PRD).

Este fin de semana, Balbina Herrera, en su rol de secretaria general del colectivo, no se limitó a ejercer una función administrativa. Salió al terreno. Caminó. Escuchó. Reconectó. Y en ese recorrido de más de 600 kilómetros por la geografía nacional, envió un mensaje claro: el PRD no está muerto, está despertando.

Desde el Caribe panameño en Colón, pasando por la provincia de Herrera, hasta culminar en un sancocho en las montañas de Los Santos, Balbina no hizo política tradicional; hizo política de contacto, de cercanía, de base. Esa que alguna vez definió al partido más grande del país y que, con el paso del tiempo, parecía haberse diluido.

Pero más allá del recorrido físico, lo verdaderamente relevante fue el simbolismo del mensaje: el regreso al Torrijismo.

Recordar el “Patrullaje Doméstico” del General Omar Torrijos no es un acto de nostalgia, es una declaración de principios. Es reivindicar una forma de hacer política donde el liderazgo no se ejerce desde el escritorio, sino desde el polvo de la carretera, desde la conversación franca con la gente, desde la empatía con las necesidades reales del pueblo.

Balbina Herrera ha entendido algo que muchos dentro del PRD parecían haber olvidado: la fuerza del partido no está en sus figuras de poder, sino en sus bases. Y esas bases necesitaban ser escuchadas, motivadas y, sobre todo, respetadas.

El gesto de compartir un sancocho en las montañas de Los Santos no es menor. Es una imagen poderosa. Es el reencuentro con la esencia popular del PRD, con esa mística que no se construye en campañas publicitarias, sino en la convivencia, en la cercanía, en el “tú a tú” con el pueblo.

Hoy, el desafío del PRD no es solo reorganizarse políticamente, sino reconstruir su identidad. Y en ese proceso, figuras como Balbina Herrera están jugando un papel clave: el de puente entre el pasado glorioso del Torrijismo y la necesidad urgente de un nuevo liderazgo colectivo.

Porque si algo quedó claro este fin de semana, es que el camino que se inicia no es de una sola figura, sino de un movimiento donde todos suman.

El PRD tiene historia. Tiene estructura. Pero, sobre todo, tiene memoria. Y cuando esa memoria se activa, cuando vuelve a latir el espíritu de Omar Torrijos, lo que emerge no es solo un partido… es una causa.

Y las causas, cuando despiertan, son imparables.

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