Panamá Oeste vive un momento histórico. Durante años soñamos con infraestructura digna, con obras que nos pusieran en el mapa nacional no solo como una provincia dormitorio, sino como una tierra de progreso, identidad y futuro. Hoy podemos decir con orgullo que contamos con el mejor estadio de béisbol del país: el Estadio Mariano Rivera.
Una obra moderna, imponente, construida por la empresa Riga Services y entregada por este gobierno, que no solo honra el nombre del más grande cerrador de todos los tiempos, sino que simboliza algo más profundo: cuando se quiere, se puede. Cuando hay decisión política y ejecución responsable, las obras se hacen realidad.
Pero ahora la conciencia nos llama.
Porque si Panamá Oeste ya tiene un estadio de primer nivel, también necesita —y merece— un hospital de primer mundo.
El Hospital Nicolás Solano ha sido durante décadas el corazón de la atención médica en la provincia. Sin embargo, la realidad es innegable: el crecimiento poblacional de La Chorrera, Arraiján y distritos aledaños ha superado su capacidad instalada. Las urgencias saturadas, la falta de especialidades, los largos tiempos de espera y la necesidad de traslados hacia la capital son parte del día a día de miles de familias.
La buena noticia es que el Ministerio de Salud ha anunciado una inversión superior a los 70 millones de dólares para transformar la infraestructura hospitalaria en Panamá Oeste. No estamos hablando de un simple parche. Estamos hablando de la posibilidad real de convertir al Nicolás Solano en un hospital moderno, con tecnología, especialidades y capacidad acorde al crecimiento de la provincia.
Muchos chorreranos sueñan con un hospital como la Ciudad de la Salud. No es un capricho. Es una necesidad. Es justicia social. Es dignidad.
Porque el béisbol nos llena de orgullo, pero la salud nos da vida.
Panamá Oeste no puede seguir siendo la provincia que aporta crecimiento económico, expansión inmobiliaria y desarrollo comercial sin recibir a la misma velocidad infraestructura sanitaria de alto nivel. El desarrollo debe ser integral. No basta con estadios y carreteras si nuestras madres, nuestros niños y nuestros adultos mayores no tienen atención médica oportuna y especializada cerca de casa.
Hoy el mensaje es claro: así como celebramos el Mariano Rivera como símbolo de grandeza deportiva, debemos unirnos para exigir y respaldar la transformación del Nicolás Solano en un hospital digno para Panamá Oeste.
Que el estadio sea el orgullo.
Que el hospital sea la esperanza.
Panamá Oeste ya demostró que puede tener lo mejor. Ahora le toca el turno a la salud.
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