Hay años que pasan. Y hay años que preparan el futuro.
El 2025 no fue un año de titulares fáciles ni de promesas grandilocuentes. Fue, más bien, el año en que el Estado panameño volvió a moverse con sentido, con dirección y —sobre todo— con responsabilidad histórica.
Fue el año donde el Gobierno de José Raúl Mulino dejó de ser evaluado solo como administración y empezó a ser leído como proyecto de país.
Porque gobernar no es inaugurar discursos. Gobernar es terminar, ordenar, rescatar y preparar.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
2025: cuando el Estado volvió a tener tracción
Si el 2024 fue el arranque político, el 2025 fue el año de la ejecución real. El momento donde el gobierno dejó claro que no estaba para improvisar ni para administrar la inercia del abandono heredado.
El mensaje fue directo, casi incómodo para algunos:
“Este país no puede seguir conviviendo con obras muertas, promesas inconclusas y ruinas financiadas con dinero público.”
En educación, salud, infraestructura y política social, el hilo conductor fue el mismo:
👉 terminar lo que otros dejaron a medias
👉 poner a funcionar lo que llevaba años detenido
👉 devolverle al ciudadano la sensación de que el Estado sí responde
Ese fue el verdadero punto de quiebre del 2025.
Política exterior: Panamá vuelve a sentarse en la mesa grande
Un estadista no gobierna solo mirando al interior. Gobierna entendiendo dónde está su país parado en el mapa del mundo.
La incorporación de Panamá como Estado Asociado al MERCOSUR no fue un gesto simbólico ni una foto protocolar. Fue una decisión estratégica: abrir puertas, diversificar mercados, ampliar horizontes comerciales y posicionar al país en un bloque donde se discuten los grandes flujos económicos de la región.
Panamá dejó de actuar como espectador. Volvió a jugar el tablero regional con intención.
Porque la soberanía moderna no se defiende aislándose, sino integrándose con inteligencia.
Infraestructura vial: cuando el cemento significa dignidad
Las obras viales no son simples carreteras. Son tiempo de vida, seguridad, productividad.
En Azuero, el Intercambiador de Chitré se convirtió en símbolo de algo más profundo:
👉 movilidad que fluye
👉 accidentes que se evitan
👉 comercio que no se detiene
No es un lujo. Es desarrollo.
En Chiriquí, puentes y conexiones como el de Boquete resolvieron problemas reales, cotidianos, de comunidades que llevaban años esperando algo tan básico como pasar sin riesgo.
Aquí no hubo mega discursos. Hubo obras que se usan, que sirven, que mejoran la vida.
Educación: rescatar escuelas es rescatar futuro
Pocas cosas retratan mejor el fracaso del Estado que una escuela abandonada.
Un edificio a medio hacer es una promesa rota… pero una escuela abandonada es una generación esperando.
En 2025, el Gobierno decidió enfrentar esa deuda.
La entrega de escuelas que llevaban más de una década paralizadas, como el caso emblemático de Aguadulce, no fue solo una inauguración. Fue una rectificación moral.
Y cuando se acompaña con una inversión estructural cercana a los mil millones de dólares en infraestructura educativa, el mensaje es claro:
👉 la educación dejó de ser discurso
👉 volvió a ser prioridad de Estado
Porque un país no se transforma en un año, pero sí se condena cuando deja de invertir en sus niños.
Salud: de ruina a hospital, de promesa a servicio
Si hay una obra que define el espíritu del 2025, es el Hospital de Bugaba.
Trece años abandonado.
Trece años de concreto muerto.
Trece años de simbolizar todo lo que estaba mal en la gestión pública.
Hasta que se terminó.
Convertir un monumento al abandono en un hospital funcionando no es solo gestión:
es autoridad, es decisión, es respeto al ciudadano.
A esto se suman las clínicas y policlínicas de la CSS, el fortalecimiento de servicios especializados y una señal inequívoca desde la Presidencia:
👉 la salud no puede ser rehén de la burocracia
👉 el paciente es primero
Cuando el Estado cura, también repara la confianza.
Ferias Compita: cuando la política llega a la mesa
En tiempos de inflación y presión económica, la política social que importa es la que se siente en el bolsillo.
Las Ferias Compita no son populismo. Son una herramienta concreta para que miles de familias accedan a alimentos a precios justos.
Es el Estado actuando donde el mercado no alcanza. Es política pública en su versión más humana: comer sin endeudarse.
Obra pública y empleo: la economía que sí se mueve
Cada escuela terminada, cada hospital inaugurado, cada carretera abierta tuvo un efecto inmediato: empleo.
Y el empleo no es estadística. Es estabilidad, es dignidad, es paz social.
El 2025 reactivó la economía no con discursos, sino con proyectos que generan trabajo hoy y productividad mañana.
2026: el año que no se improvisó
Aquí está la clave del estadista.
El Presupuesto 2026, con más de 11 mil millones de dólares en inversión pública, no cayó del cielo. Se preparó en 2025.
- Se ordenaron prioridades.
- Se destrabaron proyectos.
- Se recuperó capacidad de ejecución.
El 2026 no será un salto al vacío. Será la consecuencia lógica de un año donde se puso el andamiaje del cambio.
Conclusión: por qué Mulino cruza de presidente a estadista
Un presidente gobierna el presente. Un estadista construye el futuro.
El 2025 dejó claro que José Raúl Mulino no se conformó con administrar el día a día.
- Ordenó el Estado.
- Rescató obras imperdonablemente abandonadas.
- Fortaleció educación y salud con hechos.
- Reposicionó a Panamá en el escenario internacional.
- Y dejó estructurado el presupuesto de inversión más ambicioso de la historia reciente.
Por eso, cuando miremos hacia atrás, el 2025 no será recordado como un año más.
Será recordado como el año donde se preparó el gran cambio.
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