Lo que comenzó el pasado 28 de diciembre como una protesta por el precio de los alimentos se ha transformado en la mayor amenaza existencial para la República Islámica en décadas. En apenas dos semanas, Irán ha pasado de una crisis cambiaria a un escenario de preguerra civil y tensión internacional, con un saldo trágico que ya asciende a 544 muertos y miles de detenidos.
Esta es la reconstrucción de los días que cambiaron el rumbo de Irán:
El detonante: El desplome del Rial
El 28 de diciembre, el rial iraní tocó un mínimo histórico de 1.42 millones por dólar, aniquilando el poder adquisitivo de los ciudadanos. La chispa prendió en los mercados de Teherán y se extendió rápidamente. Para el 29 de diciembre, la presión era tal que el presidente del Banco Central dimitió, mientras la policía utilizaba los primeros gases lacrimógenos en la capital.
Enero: De la economía a la revolución
Con la llegada del nuevo año, el tono de las protestas cambió. Ya no solo se pedía pan, sino el fin del régimen.
1 de enero: Se reportan las primeras muertes oficiales en la ciudad de Azna. Los videos de disparos y gritos de «¡Desvergonzados!» contra la policía se vuelven virales.
2 de enero: El presidente Donald Trump lanza una advertencia letal desde Truth Social: si Irán mata a manifestantes pacíficos, EE. UU. «saldrá a rescatarlos». Su frase «Estamos listos para partir» recordó al régimen el reciente bombardeo estadounidense a sus instalaciones nucleares.
«Poner a los alborotadores en su lugar»
El 3 de enero, el líder supremo Alí Jamenei dio luz verde a la represión total. Para el 6 de enero, las protestas ya alcanzaban 280 localidades en 27 de las 31 provincias del país. El régimen respondió con el método clásico de las dictaduras: el 8 de enero bloqueó internet y las comunicaciones internacionales para silenciar a 85 millones de personas.
Pena de muerte y cifras de espanto
La escalada de violencia no detuvo al pueblo. El 10 de enero, al cumplirse dos semanas de conflicto, el fiscal general de Irán lanzó una amenaza jurídica extrema: cualquier manifestante sería considerado «enemigo de Dios» (moharebeh), un cargo que conlleva la pena de muerte.
Sin embargo, el costo humano ha sido devastador. Según la organización de derechos humanos HRANA, para el 11 de enero la cifra de víctimas mortales escaló de manera estrepitosa hasta los 544 fallecidos, mientras que los detenidos superan los 2.300.
¿Negociación bajo amenaza?
Ayer, 11 de enero, el panorama dio un giro diplomático inesperado. Donald Trump afirmó que, ante la amenaza de un ataque militar inminente por parte de Estados Unidos debido a la masacre en las calles, el régimen de Irán habría propuesto abrir una mesa de negociaciones.
Mientras tanto, en las ventanas de Teherán y en las plazas de más de 280 ciudades, el grito por una «Irán Libre» sigue desafiando las balas de la Guardia Revolucionaria.
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