La situación en Cuba ha alcanzado un punto de no retorno. Lo que comenzó como una crisis económica persistente se ha transformado en un drama humanitario que afecta cada estrato de la vida cotidiana. Entre apagones masivos, desabastecimiento crónico y una represión estatal que no da tregua, la isla se encuentra hoy en una vulnerabilidad extrema que pone en duda la continuidad del sistema vigente.
El colapso energético que paraliza a Cuba.
El corazón de la crisis actual reside en la incapacidad del Estado para mantener la red eléctrica nacional. Cuba requiere aproximadamente 110,000 barriles de petróleo diarios para funcionar, pero su producción interna apenas alcanza los 40,000. Esta brecha ha forzado al país a depender de aliados políticos como Venezuela y México, cuyos suministros han disminuido drásticamente.
Dependencia y fallas estructurales.
Sin combustible, las centrales termoeléctricas operan al límite, provocando apagones que interrumpen desde la refrigeración de alimentos hasta el bombeo de agua potable. El dictador Miguel Díaz-Canel ha admitido que la economía está parcialmente paralizada, mientras la infraestructura urbana en ciudades como La Habana se desmorona entre edificios en ruinas y servicios públicos inexistentes.
Sanciones internacionales y aislamiento diplomático.
El panorama se ha oscurecido aún más con la reciente orden ejecutiva de los Estados Unidos. Esta medida habilita la imposición de aranceles a cualquier país que suministre petróleo a la isla, calificando al régimen como una amenaza inusual. Ante este escenario, la respuesta oficial ha sido retomar la consigna de patria o muerte, aunque el margen de maniobra económica es prácticamente nulo.
Señales de una caída inminente.
Un indicador crítico de la gravedad del asunto es la activación de planes de evacuación por parte de embajadas de Europa y América Latina. En el lenguaje diplomático, este movimiento sugiere que se prevé un deterioro acelerado del orden interno. Además, la presión migratoria no cesa; el éxodo de jóvenes y profesionales está dejando a un país envejecido y sin fuerza laboral.
Represión sistemática y control social.
A pesar del caos, el aparato represivo se mantiene intacto. Al cierre de 2025, organizaciones como Prisoners Defenders reportaron más de mil presos políticos en las cárceles cubanas. La criminalización de la disidencia, bajo figuras como propaganda contra el orden constitucional, es la única herramienta que parece quedarle a una dictadura que ya no puede garantizar ni luz ni comida a su pueblo. El destino de la isla parece estar escrito en un país que se apaga lentamente.
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