La brecha del diagnóstico en la región
En América Latina, la Hepatitis C representa una amenaza silenciosa que afecta a más de 2 millones de personas. Sin embargo, un reciente estudio publicado en la revista Annals of Hepatology revela una cifra alarmante: el 64% de quienes padecen esta infección crónica desconocen su condición. Esta falta de detección masiva impide que miles de pacientes accedan a terapias que, hoy en día, son capaces de curar la enfermedad de forma definitiva.
El estudio, realizado por investigadores de 19 países de la región y España, destaca que el problema no radica en la falta de herramientas médicas. La tecnología para detectar y curar la infección existe y es altamente efectiva; el verdadero desafío se encuentra en la ausencia de políticas públicas sostenibles y sistemas de salud organizados que faciliten el acceso a estas soluciones.
Por qué la Hepatitis C sigue siendo un enemigo invisible
El virus de la Hepatitis C se transmite principalmente por el contacto con sangre infectada. Las vías más frecuentes incluyen el uso de agujas compartidas, procedimientos médicos con material no esterilizado y transfusiones no controladas. El peligro fundamental de este virus es su naturaleza asintomática: la infección puede progresar durante décadas sin dar señales, manifestándose solo cuando el daño en el hígado es crítico.
La importancia del testeo universal
Especialistas como el doctor Manuel Mendizabal subrayan que cada adulto debería realizarse el test de la Hepatitis C al menos una vez en la vida. El proceso es directo: un análisis de sangre detecta los anticuerpos y, en caso de positividad, se confirma con una prueba de material genético (ARN). Detectar el virus a tiempo no solo previene el desarrollo de cirrosis o cáncer de hígado, sino que también resulta más económico para los sistemas de salud al evitar hospitalizaciones complejas.
El camino hacia la eliminación en 2030
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido el año 2030 como la fecha límite para reducir drásticamente la incidencia y mortalidad de esta patología. Aunque el acceso a los antivirales de acción directa ha mejorado desde 2016, la cobertura real en el continente sigue siendo desigual.
Existen modelos exitosos que sirven de guía, como el tamizaje obligatorio en Uruguay o la ley de pruebas en cada chequeo médico en Puerto Rico. Para que América Latina logre la meta de eliminación, es imperativo pasar de la evidencia científica a la acción política, garantizando financiamiento continuo y registros de salud interoperables que no dejen a nadie fuera del sistema de cura.
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