Tras siete décadas redefiniendo el capitalismo, Warren Buffett dejará el cargo de CEO de Berkshire Hathaway este miércoles. Con su salida, la novena empresa más valiosa de EE. UU. entra en una fase de transición crítica bajo el mando de su sucesor designado, Gregory Abel.
Un imperio construido sobre «fosos»
Buffett no solo compraba acciones; compraba ventajas competitivas. Desde el control de Apple y Coca-Cola, hasta el dominio ferroviario con BNSF y el gigante de seguros GEICO, Berkshire se convirtió en una «religión capitalista». Su mayor innovación fue el uso del float (primas de seguros) para financiar inversiones masivas, una estrategia que permitió a sus acciones superar sistemáticamente al S&P 500.
Los retos de Gregory Abel
El sucesor no la tiene fácil. A diferencia de Buffett, Abel no es un «selector de acciones», sino un operador industrial. La transición enfrenta vientos en contra:
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Fuga de talento: La salida de Todd Combs (asesor clave de inversión) hacia JPMorgan genera dudas sobre quién manejará el portafolio en el futuro.
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Montaña de efectivo: Berkshire tiene $380,000 millones en efectivo. Con la baja de tipos de interés, Abel tiene la presión de invertir ese capital en adquisiciones (posiblemente la aseguradora Chubb o servicios públicos).
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Cambio de cultura: Se espera que la empresa pase de ser un culto a la personalidad de Buffett a una corporación más tradicional, con mayor transparencia financiera y, posiblemente, el pago de dividendos por primera vez desde 1967.
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