La «máquina de hacer goles» del FC Barcelona sigue engrasada y funcionando a pleno rendimiento. Al conjunto azulgrana le bastó un cuarto de hora de fútbol total para desmantelar a un Athletic Club que se desmoronó ante la primera ráfaga de efectividad culé. En una noche de calor asfixiante, el Barça transformó lo que debía ser una semifinal de Supercopa en un entrenamiento competitivo de lujo.
Un inicio engañoso y la chispa de Pedri
El partido arrancó con un guion inesperado. El Athletic de Bilbao salió valiente, presionando arriba y forzando hasta tres saques de esquina consecutivos en los primeros diez minutos. Parecía que los «leones» podrían poner en apuros a un Barcelona que lucía contemporizador y algo remolón.
Sin embargo, en cuanto Pedri tomó el timón y empezó a mover el balón con dinamismo, los pasillos interiores se abrieron. La ausencia de Lamine Yamal en el once titular (quien se quedó en el banquillo tras no entrenar el día previo) no pesó gracias a la profundidad de la plantilla de Flick.
La «Doble F» rompe el partido
El tornado comenzó en el minuto 15. Roony Bardghji recortó en el área y cedió para Fermín, cuyo remate defectuoso terminó convirtiéndose en una asistencia perfecta para que Ferran Torres abriera la lata. A partir de ahí, el Athletic entró en caída libre.
Poco después, la conexión se invirtió: Fermín López, actuando como mediapunta, remató con la zurda un gran centro de Raphinha para el 2-0. No hubo tregua. El propio Fermín filtró un pase a Roony, quien tras recortar a Adama, sacó un disparo que se le escapó a un Unai Simón inusualmente inseguro. Antes del descanso, Raphinha firmó una genialidad individual, encarando a Areso y soltando un latigazo seco para poner el 4-0.
Gestión de esfuerzos y sentencia
La segunda mitad fue un trámite que Flick aprovechó para dosificar piezas. Antes de las rotaciones, Raphinha firmó su doblete particular tras una jugada coral que acabó con el balón en la red desde el perfil derecho. Con el 5-0 en el marcador, el técnico alemán dio entrada a Lamine Yamal para que tuviera rodaje y a Marc Bernal, quien sigue recuperando ritmo competitivo.
El Athletic intentó salvar el honor con un disparo al palo de Sancet y una ocasión clara de Unai Gómez que se marchó fuera, pero el «pacto de no agresión» se instaló en el campo durante los últimos veinte minutos. Joan Garcia, el guardameta azulgrana, vivió una noche tranquila tras su intenso regreso a Cornellà, apenas exigido por el ataque bilbaíno.
Con esta demostración de poderío ofensivo, el Barça de Flick envía un mensaje contundente a sus rivales: no importa quién juegue, la idea es innegociable y el gol está garantizado. La final de la Supercopa ya tiene a su primer contendiente.
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