El futuro de Groenlandia en el centro del debate global
Durante su reciente intervención en el Foro Económico Mundial en Davos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha generado una nueva ola de tensión diplomática al exigir negociaciones inmediatas para obtener el control de Groenlandia. Aunque el mandatario descartó el uso de la fuerza militar para adquirir el territorio autónomo, subrayó que su control es un interés de seguridad nacional fundamental para Washington.
Trump describió a la isla como un territorio vasto y estratégico situado entre las grandes potencias de Estados Unidos, Rusia y China. Según el presidente, la vulnerabilidad actual de la región exige una intervención estadounidense para garantizar la estabilidad internacional y la protección de recursos clave, como los metales de tierras raras.
Importancia estratégica de Groenlandia y recursos clave
La insistencia de la Casa Blanca no es casualidad. La ubicación de este territorio en el Ártico lo convierte en un punto de vigilancia crítica. Trump argumentó que Dinamarca no invierte lo suficiente en seguridad dentro de la OTAN, dejando a la isla «indefensa». Para el presidente, solo el ejército estadounidense tiene el poder necesario para salvaguardar este «pedazo de hielo» de las ambiciones de otras potencias extranjeras.
La amenaza de los aranceles
Para forzar la mano de Copenhague, Trump ha recurrido a la presión económica. Ha amenazado con imponer aranceles del 10% el próximo mes, escalando hasta un 25% en junio, si no se inician conversaciones para la transferencia del territorio. Esta postura ha sido calificada por analistas como una diplomacia de coacción que pone a prueba la unidad de los aliados europeos.
Reacciones y mitos históricos sobre el territorio
La respuesta de Europa no se hizo esperar. El primer ministro británico, Keir Starmer, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, han rechazado cualquier intento de presión. Von der Leyen advirtió que la respuesta del bloque será «inquebrantable y unida» ante las amenazas arancelarias.
Por otro lado, Trump revivió una narrativa histórica cuestionable al afirmar que Estados Unidos «devolvió» Groenlandia a Dinamarca tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, los registros históricos confirman que, aunque EE. UU. estableció bases militares allí para combatir al Eje, el territorio siempre ha pertenecido legalmente al Reino de Dinamarca. Esta disputa subraya una brecha creciente entre la visión estadounidense y la soberanía europea en el siglo XXI.
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