Es común bromear con los «lapsus de memoria» a medida que pasan los años, pero los expertos advierten que ciertos olvidos no deben tomarse a la ligera. Según Ben Parris, profesor de neurociencia cognitiva en la Universidad de Bournemouth, el deterioro de la salud cerebral puede manifestarse de formas sutiles mucho antes de llegar a un diagnóstico de demencia.
El epicentro de estos cambios es el lóbulo frontal, la región encargada de organizar, planificar y concentrarse. Aunque es natural que esta área se reduzca con la edad, detectar un desgaste acelerado es clave para intervenir a tiempo.
¿Deterioro cognitivo o demencia?
Es fundamental distinguir ambos conceptos. El deterioro cognitivo leve permite a la persona seguir siendo independiente y realizar sus actividades normales, aunque con más dificultades de pensamiento que el promedio para su edad. Por otro lado, la demencia (como el Alzheimer) es un proceso crónico e irreversible que afecta gravemente la vida personal, laboral y social, impidiendo en muchos casos que la persona pueda cuidarse a sí misma.
Cinco señales de alerta según la neurociencia
El doctor Parris identifica cinco comportamientos cotidianos que podrían indicar que el lóbulo frontal está perdiendo facultades:
Dificultad con la multitarea: La incapacidad de alternar entre dos actividades sencillas, como mantener una charla mientras se cocina, refleja falta de flexibilidad cognitiva.
Omisión de palabras: Saltarse palabras al hablar de forma recurrente (más allá del cansancio) sugiere problemas en la «inhibición de respuesta», una función vital para bloquear información irrelevante.
Sustitución semántica: Cambiar una palabra por otra similar (decir «cuchara» en vez de «tenedor») indica fallos en la comunicación cerebral. La frecuencia y la «distancia» entre las palabras ayudan a medir la gravedad.
Olvidos al ejecutar tareas: Salir de casa y olvidar la billetera o las llaves de forma sistemática señala fallos en la memoria de trabajo, encargada de manipular información en tiempo real.
Desorientación en espacios conocidos: Realizar trayectos ilógicos en el supermercado o no recordar dónde están los objetos en casa evidencia problemas en la memoria espacial y de corto plazo.
Cómo «rejuvenecer» el cerebro
La buena noticia es que el cerebro es plástico y responde a los hábitos saludables. No hay fórmulas mágicas; la salud mental depende de la salud física.
Entrenamiento físico: El ejercicio cardiovascular mejora el flujo sanguíneo, pero el entrenamiento con pesas (al menos dos veces por semana) ha demostrado ser especialmente eficaz para frenar la contracción del lóbulo frontal.
Alimentación para el pensamiento: Dietas ricas en verduras de hoja verde, pescado (omega-3), frutos secos y bayas aportan nutrientes esenciales para las neuronas.
Desafío mental diario: Aprender un idioma, resolver cálculos mentales sin calculadora o leer activamente mantiene las conexiones sinápticas jóvenes. «El lóbulo frontal puede deteriorarse por falta de uso», advierte Parris.
Vida social y naturaleza: La interacción con otras personas fortalece la agilidad mental, mientras que pasar tiempo en entornos naturales mejora la memoria de trabajo.
Evitar tóxicos: El tabaco y el alcohol aceleran la contracción cerebral. Los expertos recomiendan limitar el alcohol exclusivamente a entornos sociales.
El consejo final: Si usted o sus familiares notan que estos síntomas empeoran o afectan la vida diaria, acuda a un médico de cabecera. Un diagnóstico temprano, mediante pruebas de memoria o resonancias, puede marcar la diferencia entre un envejecimiento saludable y un deterioro acelerado.
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