En una operación militar sin precedentes que ha cambiado el tablero geopolítico en cuestión de horas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó la captura y extracción de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. La acción ocurre tras una madrugada de bombardeos intensos sobre centros de mando estratégicos en la capital venezolana.
La «Operación Brillante» de Trump
Desde su residencia en Mar-a-Lago, Florida, el presidente Trump calificó la incursión como una «operación brillante» ejecutada con éxito por fuerzas especiales y agencias del orden estadounidenses. «Maduro fue capturado y trasladado en avión fuera del país», escribió en Truth Social, anunciando una conferencia de prensa de emergencia para las 11:00 AM (hora local). Según el mandatario, la extracción fue el resultado de una planificación meticulosa diseñada para finalizar lo que él describió como «los días contados» del régimen.
Una madrugada de fuego sobre Caracas
Alrededor de las 02:00 AM, la capital venezolana fue sacudida por explosiones coordinadas. Los objetivos principales fueron los bastiones militares del chavismo:
Fuerte Tiuna: El mayor complejo militar del país reportó detonaciones masivas y columnas de humo que iluminaron la noche caraqueña.
La Carlota: La base aérea urbana fue blanco de ataques aéreos, mientras helicópteros Chinook eran avistados sobrevolando la ciudad en medio de apagones generalizados.
La Guaira: También se reportaron estallidos cerca del principal puerto y aeropuerto del país.
Testigos relataron escenas de pánico, con residentes refugiándose en habitaciones sin ventanas mientras las vibraciones de las bombas hacían estallar cristales en barrios aledaños a las bases. En las calles, imágenes satelitales y de redes sociales mostraron caravanas de vehículos intentando huir de la zona de conflicto.
Reacción del Régimen y la Región
Antes de conocerse la captura de Maduro, la televisión estatal venezolana emitió un comunicado denunciando una «gravísima agresión militar» y declarando el Estado de Conmoción Exterior. El régimen llamó a la «lucha armada» y denunció la violación de la Carta de las Naciones Unidas, calificando el ataque como una amenaza a la estabilidad de América Latina.
Por su parte, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, reaccionó con contundencia. Tras calificar la acción de Washington como una «agresión a la soberanía latinoamericana», ordenó el despliegue inmediato de la fuerza pública hacia la frontera con Venezuela. Petro advirtió sobre una inminente crisis humanitaria y el riesgo de que grupos armados ilegales aprovechen el vacío de poder.
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