En un país acostumbrado a que la política municipal pase sin pena ni gloria, el año 2025 marcó un punto de quiebre en la historia reciente de la Ciudad de Panamá. No por discursos grandilocuentes ni promesas vacías, sino por algo mucho más escaso y valioso: resultados visibles, visión global y una forma distinta de ejercer el poder. Ese quiebre tiene nombre propio: Mayer Mizrachi.
Ser alcalde, para muchos, ha sido tradicionalmente administrar lo cotidiano, sobrevivir a la burocracia y evitar errores. Para Mizrachi, en cambio, la Alcaldía se convirtió en una plataforma de transformación, donde gobernar significó pensar en grande, actuar con audacia y entender que Panamá no compite solo consigo misma, sino con las grandes capitales del mundo.
Gobernar con mentalidad global
Traer los Premios Juventud 2025 a Panamá no fue un golpe de suerte ni un capricho mediático. Fue una jugada estratégica de alto nivel. Por primera vez, este evento salió de Estados Unidos y puso a Panamá en el centro del radar cultural, turístico y digital del hemisferio. Millones de miradas voltearon hacia la ciudad, no como un destino de paso, sino como una capital vibrante, moderna y capaz de organizar eventos de talla mundial.
Eso es diplomacia urbana. Eso es entender que la marca ciudad es hoy tan importante como cualquier tratado internacional.
Austeridad sin populismo
En tiempos donde el gasto público suele confundirse con gestión, Mizrachi hizo lo impensable: recortó el presupuesto, redujo la planilla y aumentó la eficiencia. Gobernar con menos no fue una consigna; fue una práctica. Y lo hizo sin paralizar la ciudad, sin excusas y sin trasladar el costo al ciudadano.
En una región donde la austeridad suele ser solo un discurso de campaña, Panamá fue testigo de algo poco común: una administración municipal que se apretó el cinturón antes de pedírselo a la gente.
La ciudad como espacio humano
Parques recuperados, canchas rehabilitadas, iluminación, limpieza, eventos culturales sin costo para el municipio, trámites digitalizados. Acciones que no llenan titulares internacionales, pero que dignifican la vida diaria del ciudadano común. Porque gobernar no es solo brillar afuera; es ordenar la casa por dentro.
Y en ese orden interno, la ciudad comenzó a respirar mejor.
Empleo, no asistencialismo
La feria de empleo municipal fue una declaración de principios: la mejor política social es el trabajo. Miles de personas conectadas con oportunidades reales, empresas comprometidas y una Alcaldía actuando como puente, no como intermediario ineficiente. Eso es liderazgo práctico. Eso es entender que el desarrollo no se reparte, se construye.
Un nuevo modelo de alcalde
Mayer Mizrachi no encaja en el molde tradicional del político local. No gobierna desde el miedo, ni desde la inercia, ni desde el cálculo pequeño. Gobierna con mentalidad de startup, con visión empresarial y con una narrativa clara: Panamá puede y debe jugar en las grandes ligas.
Por eso trasciende fronteras. No solo geográficas, sino mentales. Rompe la idea de que un alcalde debe pensar pequeño. Demuestra que desde lo local se puede impactar lo global.
La huella
El 2025 no será recordado como un año más en la Alcaldía de Panamá. Será recordado como el momento en que la ciudad entendió que sí se puede gobernar con visión, eficiencia y ambición positiva. Que sí se puede hacer política sin cinismo. Que sí se puede dejar huella.
Mayer Mizrachi no solo administró una ciudad. La proyectó. Y cuando un líder logra que su ciudad se mire a sí misma con orgullo y el mundo la mire con respeto, ya no hablamos solo de gestión. Hablamos de legado.
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