Un acuerdo comercial largamente esperado entre la Unión Europea (UE) y el Mercado Común del Sur (Mercosur) está a punto de ser ratificado, lo que podría tener implicaciones significativas para el comercio, la geopolítica y las relaciones internacionales. Este acuerdo, que ha estado en proceso durante más de un cuarto de siglo, se espera que sea aprobado por el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo en las próximas semanas, allanando el camino para su entrada en vigor a mediados de 2026.
El acuerdo comercial UE-Mercosur busca consolidar y expandir una relación comercial ya existente valorada en aproximadamente 150 mil millones de dólares anuales. Uno de los aspectos más destacados del acuerdo es la eliminación de aranceles sobre aproximadamente el 90% del comercio de bienes entre ambas partes, aunque esta eliminación se implementará gradualmente durante un período de 12 años. Según un estudio de la Comisión Europea, se espera que el acuerdo impulse las exportaciones de la UE en 49 mil millones de euros (56 mil millones de dólares) y las de Mercosur en 9 mil millones de euros.
Más allá de los beneficios económicos directos, el acuerdo tiene importantes implicaciones geopolíticas. Los funcionarios europeos ven este acuerdo como una forma de contrarrestar la creciente influencia de China en la cuota de mercado europea del Mercosur, que también incluye a Paraguay y Uruguay. Para el Mercosur, el acuerdo representa un avance significativo para un bloque que históricamente ha estado relativamente aislado del mundo exterior. El presidente de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, a menudo destaca la pertenencia de Brasil al grupo BRICS, que incluye a China, Rusia e India. El acuerdo con la UE ofrece a Brasil una alternativa a los BRICS y puede ayudar a mejorar la imagen nacional de Brasil, que se ha visto afectada en algunos sectores por su asociación con Vladimir Putin. Para el presidente de Argentina, Javier Milei, el acuerdo podría dificultar la realización de sus ocasionales amenazas de abandonar el Mercosur.
El acuerdo comercial ha enfrentado la oposición de grupos de presión proteccionistas a ambos lados del Atlántico, en particular de los agricultores europeos que temen a la agroindustria sudamericana. Sin embargo, la Comisión Europea ha adoptado nuevas directrices para compensar a los agricultores por las pérdidas sufridas y ha trabajado para informarles sobre las salvaguardias del acuerdo. Además, la guerra de Ucrania, las tensiones comerciales con China y el posible regreso de Donald Trump han resaltado la necesidad de que la UE diversifique sus alianzas.
La ratificación del acuerdo no está exenta de desafíos. Algunos países, como Austria, Francia, Irlanda y Polonia, se han opuesto al acuerdo. Sin embargo, se espera que la mayoría de estos países, con la excepción de Polonia, eventualmente se sumen al acuerdo. Aunque existe oposición en el Parlamento Europeo, pocos esperan que este rechace el acuerdo.
La UE ya tiene acuerdos comerciales con Chile, la mayoría de los países andinos, Centroamérica y la Comunidad del Caribe, y ha negociado una actualización del acuerdo con México. Sergio Díaz-Granados, de CAF, un banco de desarrollo, considera que el acuerdo del Mercosur puede fortalecer las cadenas de valor en toda la región al armonizar las normas de origen. Esto podría, a la larga, dar mayor solidez a los lazos de Europa con América Latina en su conjunto.
En resumen, el acuerdo comercial UE-Mercosur representa un paso significativo hacia una mayor integración económica y política entre ambas regiones. Si bien persisten desafíos, los beneficios potenciales del acuerdo son considerables, tanto en términos de comercio como de geopolítica.
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